La homilía digital de Bergoglio

Por: JOSÉ BELTRÁN. Director de Imágenes de la fe
Fuente: Revista Imágenes de la fe/ Diciembre 2014/ No. 488

Cuando la fumata blanca comenzó a hacerse notar en la oscuridad de San Pedro, salí escopetado de la sala de prensa. Me imaginaba una marabunta descontrolada por hacerse un hueco en el interior de la columnata. Estaba en quince segundos a la carrera. Merodeé por la plaza con expectación y algo de desconcierto hasta que, en el momento de anunciar el elegido para llevar el rumbo de la Iglesia, me vi en un lateral donde, curiosamente, no se respiraba ese agobio propio de las convocatorias “urbi et orbi”. “[Es el nuestro!”, gritó una mujer cuando escucharon el nombre de Jorge Mario Bergoglio. Yo no le encontraba en mi quiniela de papables. Me sorprendió que en aquel foro donde se sentía la diversidad de la Iglesia universal, me topara con los amigos, o al menos, conocidos, del nuevo Papa. Una familia argentina. Les había casado. Un trato de largo recorrido. Y un sacerdote. Con sombrero y bufanda. El padre Domingo Izzi. Cuando Francisco se inclinó ante la multitud y los medios de todo el mundo se inclinaban sorprendidos ante el gesto del Papa y ese “recen por mí” que le acompaña como eslogan de pontificado, no me pilló de sorpresa. El padre Domingo me indicó cómo serían los movimientos de ese primer saludo ante el mundo.

A partir de aquellas semanas, he escuchado a muchos hablar de su cercanía con el Papa, a otros tantos analizar su telegenia, al que más y al que menos intentar interpretar sus palabras, pero no he descubierto todavía a nadie que me hablara con anticipación de los gestos. No en vano, Bergoglio fue el director de su tesis de Teología. Domingo, su discípulo. Un día después decidí quedar para tomar un café con el padre Domingo. En un pequeño local que se encuentra junto a la central de los jesuitas, en Borgo Espirito Santo. Allí también me adelantó otro de los dones del Papa argentino y en los que ahonda Antonio Gil en este número de Imágenes de la fe: la oratoria. “La homilía digital”, me dijo el sacerdote. Le miré con cara de emoticón de Whatssap. Esperaba que me revelara que el nuevo Papa era un bloguero incansable o un experto en redes sociales. En ese momento, su mano dejó la taza en la mesa y me la mostró. “iVes! Cinco dedos. Digital. No más de cinco ideas por discurso o exposición”. Ahí se concentraba La magia bergogliana.

El mundo de la inmediatez
El Papa así lo ha reflejado en la Evangelii Gaudium, es plenamente consciente de que vivimos en el mundo de la inmediatez, de la falta de atención, de la retentiva nula, de la imagen. De ahí que le preocupe el fondo del mensaje, pero sobre todo, la forma. El profesor de literatura de instituto descubrió lo complicado que resulta meterse en el bolsillo a los jóvenes, aun cuando se tiene a Borges como aliado. Y así llegó con la lección aprendida el Obispo de Roma, que sabe que tiene frente a él a un mundo en el que Dios no ocupa lugar y a unos parroquianos que esperan palabras de aliento y esperanza, Palabras, no sermones. Con esa misma ironía, el padre Izzi me reveló que Francisco sería un Papa “con perfil bajo”. No lo entiendan como falta de presencia. A la vista está que no. “Él siempre es el que está abajo, con la gente, con los que le necesitan. No le importa perder el tiempo que sea necesario, porque no lo ve como tiempo perdido, sino ganado, invertido”.

De ahí su sencillez en el lenguaje, su capacidad para construir titulares que se queden en la memoria y consigan hacerse hueco en las cinco columnas de un periódico. De ahí que no se le caigan los anillos por citar al humorista Luis Landriscina y no a Cicerón, convertir su “sketch” sobre el sándwich de jamón y queso en una parábola para hacer caer en la cuenta a su interlocutor de la diferencia entre la implicación de la vaca que colabora con su leche y el chanca que se implica y se compromete dándose por entero. Una parábola del siglo XXI. Antonio Gil estructura estas intuiciones bergoglianas en forma de pistas para hacer de la oratoria una herramienta al servicio de la evangelización y al servicio de la comunidad.