Contemplación

Comentario de Mons. Merino: Seguimos enfatizando el valor de la “Vida Consagrada”, en este año dedicado por la iglesia, a ella.

Por:Lluís Solá i Segura. Monje de Poblet
Editorial, revista Vida Nueva

Una mirada sencilla a la verdad intuida en el amor. Así entendieron y vivieron la contemplación los teólogos de la tradición benedictina y cisterciense, y después de ellos, santo Tomás y san Buenaventura. Contemplar es, en definitiva, amar. Sin embargo, la palabra contemplación es un término raro para los que intentamos moldear nuestra espiritualidad según las pautas de san Benito. No forma parte de su lenguaje habitual. No habla nunca de ella en la Regla. San Benito entiende la oración como un diálogo con el Señor durante el cual las palabras de los Salmos deberán moldear la mente del monje hasta conseguir que su voz concuerde con la voz de la Escritura. Para el monje, a quien san Benito define como un servidor, la intuición de la verdad como amor se produce en
la dinámica del servicio. Se contempla a Cristo en el hermano cuando se le sirve y dejándose servir por él: a Dios, buscado en su Palabra (lectio) se le encuentra y se le contempla en el hermano (servitium).

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