Paz y reconciliación

Escrito por: Mons. Fabián Marulanda López

Hablar de la Paz resulta apasionante, porque se trata de un sueño que todos compartimos. Un sueño que se nutre de la esperanza de un mundo y de un país mejor.

Pero la paz no es un concepto fácil de definir y precisar. Por eso no puede hablarse legítimamente de PAZ mientras no se reconozcan y se respeten todos los elementos que la integran.

Hace algunos días el Papa Francisco hablaba de que los cristianos nos hemos dejado arrebatar banderas muy nuestras, como es el caso de la justicia social que la dejamos de lado cuando irrumpió el fantasma del comunismo en la historia.

Pienso que también la bandera de la Paz es una bandera propia de los cristianos y cuando trabajamos por implantarla y mantenerla en nuestras comunidades no lo hacemos para responder a un determinado proyecto político sino para ser fieles al evangelio de la Paz proclamado por Jesús. “Mi paz les dejo mi paz les doy; pero la paz que yo les doy no es como la que da el mundo. Que no haya entre ustedes angustia ni miedo” (Jn. 14, 27).

La Paz es un anhelo de todos los hombres de buena voluntad. Es un Don de Dios que toca conquistar, es un bien que no se nos da gratuitamente.

Lo anterior entraña el compromiso de trabajar por la implantación de una sólida “cultura de Paz”. Y dentro de la cultura de la Paz, la Reconciliación es una exigencia permanente; porque aún en el supuesto de que termine el conflicto armado, siempre habrá necesidad de desarmar los espíritus. Alguien decía, que más importante que desarmar a los guerrilleros es desarmar los corazones de quienes han sufrido los horrores del conflicto.

En su Encíclica “Pacem in terris” el Papa Juan XXIII señaló cuatro grandes valores que están a la base, como pilares insustituibles de un verdadero proceso de reconciliación, a saber: la verdad, la justicia, la misericordia y la libertad.

La Iglesia, en Colombia, puede y debe asumir el compromiso de “ser garante de estos cuatro valores.

Hay mucha desinformación y muchas noticias viciadas por intereses personales, de grupos, o de partidos políticos.

En el origen de los conflictos casi siempre está la sensación de ausencia de la justicia o de su aplicación parcial como uno de los primero motivos para acudir a las vías de la ilegalidad.

Por eso, la invitación a buscar la paz es una invitación a practicar la justicia. De ahí la fórmula clásica: “Si quieres la paz, trabaja por la justicia” o las frases bíblicas: •”la justicia y la paz se besan” (Ps. 85) y “la paz es obra de la justicia”. Aunque no existiera un conflicto armado en cuanto tal, donde se da la injusticia existe de hecho la causa y el factor potencial del conflicto.

La Misericordia es una manifestación del amor. O también: la paz es un efecto del amor. Aquí hablamos de una cultura en la que no impere el egoísmo, la insensibilidad, la discriminación. Recordemos que la autoridad sin amor es dictadura, la justicia sin amor es inhumana, la diplomacia sin amor es hipocresía, la ley sin amor hace esclavos. La reconciliación exige grandes dosis de amor y de comprensión.

La Libertad responde a una aspiración profunda y generalizada del mundo contemporáneo Nunca como hoy se ha hablado tanto de libertad, así el término no sea siempre empleado en el mismo sentido.

Nos espera una tarea muy importante en la etapa del postconflicto. No porque alguien nos la asigne o nos la pida. La tarea de constituirnos en veedores en nuestras jurisdicciones y comunidades, junto con la ciudadanía, para lograr que se cumplan las propuestas contenidas en los proyectos y leyes de justicia y paz, restitución de tierras, reparación de las víctimas, reforma del sistema de salud, creación de empleo y disminución de la pobreza, y para impedir que se perpetúen los malos hábitos políticos que tanto mal le han causado al país.

+ Fabián Marulanda López
Obispo emérito de Florencia (Colombia)


 

Comentario de Mons. Merino:

Si no me falla la memoria, fue el hoy beato Paulo VI, el que en su primera visita a Naciones Unidas dijo algo así como: “la palabra paz es la maás citada en todos los documentos de la ONU… pero es evidente que no la tenemos y no será facil conseguirla mientras no tengamos verdad y justicia”.  Creo ser fiel al concepto, aunque no dispongo del texto del discurso.

Leave a Reply

Your email address will not be published.