“El desperdicio del caudal femenino en la Iglesia es una frivolidad”

Revista: Vida Nueva

Publicado el 16.05.2014

La biblista Carmen Bernabé critica el trato que la Iglesia dispensa a la mujer.

Carmen_Bernabe

ISABEL CORPAS DE POSADA.

FOTO: Obispado de Tenerife

La hoja de vida de Carmen Bernabé Ubieta (Bilbao, 1957) recoge una bonita trayectoria de éxitos profesionales: un doctorado en teología bíblica, profesora titular en la Universidad de Deusto, una importante lista de publicaciones… La teóloga y biblista participó semanas atrás en un curso en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, en Bogotá (Colombia), donde Vida Nueva tuvo ocasión de charlar con ella. 

 

PREGUNTA: ¿Ha sido fácil para una mujer lograr estos resultados?

RESPUESTA: Por diferentes motivos, desde adolescente me interesaron el hecho religioso como pregunta intelectual, las cuestiones sobre Dios y sobre la Biblia o la reflexión razonada de la fe recibida. Yo comencé a estudiar teología en 1978. En aquellos años, ya la estudiaban los laicos, incluidas las mujeres. No se veía como algo reservado a los sacerdotes. Lo que no era tan habitual era que una mujer laica llegara a hacer el doctorado. Ni se me ocurrió pensar que mi condición de mujer pudiera ser un obstáculo para hacer esos estudios. Y de hecho no lo fue, aunque es cierto que las expectativas de los profesores no eran las mismas en el caso de una mujer laica, pero ya era lo suficientemente adulta como para que eso afectara en mi ánimo. Las dificultades y barreras surgen más tarde y, a veces, son de un sutil cristal. 

Ha costado esfuerzo y dedicación, pero lo he hecho con gusto; he disfrutado, porque me gustan la Biblia, la docencia y el trabajo intelectual, que para mí no está vacío de vida, sino muy conectado con la sociedad y sus problemas. Es cierto que ser laica, aunque es una ventaja en ciertos aspectos, es una desventaja a la hora de disponer de medios, posibilidades y respaldos; y ser mujer supone romper ciertos estereotipos y enfrentarse con algunas barreras ideológicas y prácticas. 

PREGUNTA: De un amplio menú de temas teológicos sobre los cuales usted ha investigado, enseñado, escrito y publicado, cuesta trabajo escoger uno o dos para cuestionar su opinión en una entrevista. Aunque este es uno que personalmente me inquieta… Desde sus investigaciones en torno al cristianismo de los orígenes, la participación de mujeres en las comunidades de creyentes y el ejercicio de la autoridad, la relación género y ministerios, ¿qué opina una teóloga acerca de la ordenación de mujeres?

RESPUESTA: El tema de la ordenación de las mujeres es solo un aspecto de un problema mucho mayor. En otro sitio he dicho que la situación de perpetua minoría de edad de la mujer en la Iglesia, que desperdicia todo el caudal femenino y no permite a las mujeres participar en los lugares donde se toman las decisiones realmente importantes y decisivas para la vida de la Iglesia, es una frivolidad y una responsabilidad histórica tremenda, además de una injusticia y una gran falta de fe. De hecho, en los lugares en donde se decide la vida de la comunidad, las mujeres están siempre representadas por varones y ellas no pueden representar ni decidir. Es una herencia de la antigüedad de la que se hace valedor a Dios. Si quiere ser fiel al Evangelio, la Iglesia debe cambiar de rumbo en este tema como en otros. No se cae en la cuenta de que la imagen de Dios que se trasmite es terrible. Si el Dios que nos anuncian nos quiere perpetuamente menores de edad y sumisas, en función de nuestro sexo, y hace a los varones regentes de nuestro destino, o bien es un Dios en el que no merece la pena creer, o bien es un ídolo inventado al que se le atribuye una voluntad que, en realidad, es reflejo de costumbres culturales patriarcales. Y a esa conclusión es a la que están llegando la mayoría de las mujeres jóvenes, al menos en Europa, que hoy “pasan” de la religión. Por eso hablo de responsabilidad histórica.

PREGUNTA: El título de uno de sus libros, Apuntes para una cristología desde la mujer (1993), me lleva a preguntar, utilizando el título de otra de sus publicaciones, ¿cuál es el aporte de las “mujeres que estudian y hacen teología”?

RESPUESTA: Los intereses, las preocupaciones y los esquemas de comprensión influyen de forma decisiva en la forma en la que se lee la Biblia y se hace teología, pues deciden lo que es importante o no. Por eso, hacer teología desde la realidad existencial e histórica de las mujeres supone otras preguntas, otras necesidades y prioridades.

Hay mucho público acostumbrado ya a escuchar a mujeres teólogas, sobre todo en los Estados Unidos y Europa. Mayoritariamente les gusta su discurso y piensan que es fresco, relevante. Y es que, aunque el colectivo de mujeres teólogas es plural, no todas piensan igual y algunas pueden incluso justificar el statu quo. El lugar teológico desde el que hacen teología la mayoría de las mujeres aporta una novedad que no se debe desperdiciar.

No es necesario hacer muchas más teologías “de” mujer, sino escuchar y leer las que han hecho y hacen las mujeres, un colectivo plural, donde hay diferentes posiciones, desde las que aceptan el statu quo hasta las que hacen una teología que se ha tomado en serio el reto del feminismo, un signo de los tiempos, a la fe. Se trata de darse cuenta de que los esquemas culturales desde los que se ha tratado a la mujer en la Iglesia están caducos, pertenecen a otras épocas, son muy poco evangélicos y deben cambiar.

PREGUNTA: Otro tema ampliamente estudiado por usted ha sido la participación de las familias en los orígenes del cristianismo. Como el sínodo convocado por el papa Francisco ha puesto la familia sobre el tapete, ¿cree que podemos esperar “buenas noticias”?

RESPUESTA: Lo que debe ser subrayado de este tema es el proceso empleado, que va de abajo a arriba y que supone explorar y escuchar el sentir del Pueblo de Dios, el sensus fidelium, que no solo tiene que obedecer. Su cualidad de bautizados les hace iconos de Cristo, partícipes del Espíritu, con una palabra que decir en la vida y organización de la comunidad.

PREGUNTA: En esta primavera de la Iglesia que ha traído el papa Francisco, ¿cuáles considera los cambios más significativos que están ocurriendo y que podemos esperar?

RESPUESTA:  Hay varias claves importantes en el papa Francisco:

  • 1) La importancia que da al discernimiento, a atender a los signos de los tiempos, porque eso supone la aceptación de la historia, del proceso, de la necesidad de buscar siempre nuevas respuestas, nuevas formas de vivir la fe cristiana, el no quedarse en formas fosilizadas.
  • 2) La frescura y normalidad de su lenguaje, que conecta con los intereses y problemas de la gente normal, alejado del lenguaje engolado, rígido y extraño del estamento eclesiástico, al que nos tenían acostumbrados.
  • 3) El que haya querido retomar el desarrollo del Vaticano II cuando ya casi se había logrado acabar con él.
  • 4) La importancia del Evangelio en su pensamiento y en su discurso, que no se sirve de citas descontextualizadas, sino que trasparenta un conocimiento de su mensaje y dinámica evangélica que empapa muchos de sus discursos y escritos.

Puede haber, y hay, a quien no le guste, quien critique su estética, “demasiado cochambrosa” quizá, porque les gusta más el pantocrátor medieval que el Jesús del Evangelio. Pero la mayoría, creyentes o no, sienten sus palabras y gestos como una bocanada de aire fresco. Es un momento esperanzador. Aguardamos que pronto se conviertan en hechos y no se tuerza.

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