NS 12. Donde está tu tesoro está tu corazón

“No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los destruyen, donde los ladrones perforan paredes y roban. Acumulen tesoros en el cielo, donde no roe la polilla ni destruye la herrumbre, donde los ladrones no abren brechas ni roban. Pues donde está tu tesoro, allí también está tu corazón. (Mt. 6, 19- 21). 

Hay dos bancos donde depositar nuestros tesoros. 

En uno, están del todo seguros y en el otro, tenemos la seguridad de que los perdemos irremediablemente.

Parece que algunos quieren que los entierren en un montón de polilla, porque pasan la vida atesorando bienes para esta vida y se olvidan del cielo.

 Cristo en este texto nos dice en qué se convertirán los tesoros de bienes materiales: “en un montón de polilla y de moho.”

Los bienes materiales no son malos, lo que es malo es el mal uso que con mucha frecuencia hacemos de ellos. 

Es fácil saber lo que nos preocupa más, si es de la carencia de bienes materiales o nos preocupa más la adquisición de virtudes cristianas.

Pero además los bienes materiales si no terminan convirtiéndose en un montón de polilla, advierte Cristo, es porque otro, que quiere que lo entierren en un montón de polilla mayor que el tuyo, te los ha robado.

Cualquiera ve que es una gran ventaja acumular tesoros en el cielo. Ahí están seguros…

Lo que dice lo que somos, no es lo que poseemos sino lo que somos por dentro, es decir, la bondad del corazón y esa se adquiere con la práctica de las virtudes cristinas. 

Cada uno tiene que hacerse la pregunta ¿dónde estoy depositando mis tesoros? 

Las condiciones para que los bienes materiales, que son necesarios para esta vida, se conviertan en tesoros celestiales, son las siguientes:
Que sean el fruto de nuestro trabajo honrado y utilizarlos correctamente.

Utilizarlos correctamente supone:
Usarlos para cubrir nuestras necesidades, pero no para lujo y ostentación, ni emplearlos en ninguna actividad que ofenda a Dios.

No amarlos tanto que nos hagan olvidara Dios y que nuestra meta es alcanzar la vida eterna.

El problema es que el “dios dinero” siempre ha tenido muchos adoradores. Por eso San Pablo dice que la avaricia es una IDOLATRÍA. 

Los que adoran al “dios dinero” no tienen tiempo para rezar, ni para ir a Misa los domingos, ni para dedicar tiempo a la familia. Se olvidan de que el ser humano, ellos y sus hijos, también, además de cuerpo, tienen un alma… 

Los que adoran al “dios dinero” se olvidan que existe Dios y que existen los demás…

Sería muy útil pensar: ¿qué es lo que nos preocupa más en esta vida, ser ricos en dinero o en bondad? Porque eso nos dirá dónde está nuestros tesoros y donde tenemos nuestro corazón…

Dios no nos creó para amontonar dinero y con él comprar el cielo, porque el cielo no está en venta. 

El cielo es el regalo que tiene preparado DIOS PARA LOS QUE LO AMAN, nos dice San Pablo.

Por tanto, nuestra preocupación debe ser cómo utilizamos los dones que Dios nos ha dado para cumplir su voluntad.

Nuestro deseo de servir a Dios será pura ilusión si no lo hacemos realidad tangible cada día ayudando a los hermanos. 

¡Qué no es solamente con dinero como se puede ayudar!!!

El Santo Padre Francisco insiste mucho que además de las obras CORPORALES DE MISERICORDIA hay las obras ESPIRITUALES y que hay que practicar ambas