NS 7. Hablamos con el Corazón

“¡Raza de víboras!

¿Cómo podrán decir palabras buenas si son malos?

De la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro de bondad; el hombre malo saca cosas malas de su tesoro de maldad.

Les digo que el día del juicio los hombres darán cuenta de cualquier palabra inconsiderada que hayan dicho, porque por tus palabras te absolverán y por tus palabras serás condenado”. (Mt. 12, 34 – 38)

Cristo nos enseña que el pecado radica en el corazón de las personas, “porque del corazón salen: las malas intenciones, asesinatos, adulterios fornicación, robos, falsos testimonios, blasfemias.” (Mt. 15, 19)

¡Qué claro habla Cristo!!! ¿Quién no lo entiende? ….

Las palabras que utilizamos cuando hablamos dicen como es nuestro corazón. 

No hay palabras MALAS: lo que hay personas con malos deseos en su corazón y lo expresan con palabras que manifiestan eso precisamente.

No hay palabras INDECENTES: lo que hay personas que son indecentes y usan palabras que expresan esa realidad.

Hay personas que tienen un corazón lleno de todo tipo de deseos “sucios” y repugnantes ¡para la gente decente.!!! 

Su corazón es como un basurero. Cuando hablan expresan lo que tienen en su corazón. 

Parece que se sienten orgullosos de la suciedad que tienen dentro y como nadie puede verla, la expresan con gesto y palabras para que los demás la conozcan. 

Se glorían de sus propias vergüenzas, diría San Pablo en otro lugar.

Por eso afirma el Apóstol “que por tus palabras te absolverán y por tus palabras serás condenado.”

Quiere decir: Serás absuelto por la bondad y condenado por la maldad que hay en tu corazón.

Si quieres saber cómo eres, examina QUÉ TE GUSTA ESCUCHAR Y DE QUÉ TE GUSTA HABLAR. 

Cuidemos, pues, nuestro lenguaje, pero nunca vamos a cambiar la manera de hablar mientras no cambiemos los sentimientos de nuestro corazón.

Cuando cambiamos nuestra manera de hablar, pero nuestro corazón sigue siendo el mismo basurero, nos convertimos en unos hipócritas.

¡Pensamos que podemos engañar a Dios!!!

La realidad es que Dios no escucha nuestras palabras sino los deseos que tenemos en nuestro corazón.

La maldad está dentro de nosotros, no fuera, como pensaban los judíos en tiempo de Cristo. 

Para ellos, la impureza estaba en las cosas como la comida, las ollas, etc. Pero Cristo nos dice que la impureza está en nuestro corazón.

Creo que una conclusión lógica que hay que sacar de estos textos es que NINGUNO QUE TENGA UN CORAZÓN LIMPIO, TENDRÁ “LA LENGUA SUCIA”