NS 15. ¿En qué consiste la conversión?

 “Pero ahora, oráculo del Señor, conviértanse a mí de todo corazón, con ayunos, con llanto, con luto. Rasguen los corazones, no los vestidos, conviértanse a Señor su Dios” (Joel, 2, 12-13)

“Yo juzgaré a cada uno según su proceder. Arrepiéntanse y conviértanse de sus delitos y no caerán en pecado. Quítense de encima sus delitos que han cometido y estrenen un corazón nuevo y un espíritu nuevo y así no morirán, porque yo no quiero la muerte de nadie. Conviértanse y vivirán” (Ez. 18, 30- 33)

“Lávense, purifíquense, aparten de mi vista sus malas acciones, cesen de obrar mal, aprendan a obrar bien … aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos como escarlata, que darán como la lana”. (Is. 1, 16-18)

Se me ocurrió este tema, porque estamos en Cuaresma y la Iglesia insiste, un día y Sí y otro también, que es un tiempo de CONVERSIÓN.

Pero ¿nos convertimos? 

La conversión supone un cambio de conducta, pero ahora parece que hay un sistema moderno que es “conversión sin cambiar nada.”

Para convertirse hay que reconocer que Dios tiene derecho a darnos leyes y nosotros la obligación de obedecerle. ¡Nos cuesta mucho en la práctica admitir esto!

El otro problema es admitir que las leyes de Dios son inmutables. 

Esto quiere decir que lo que Dios dijo que era pecado, por más que busquemos “razones” para justificarlo, seguirá siendo pecado, “hoy, mañana y siempre”. Lo que hacemos será agradable a Dios si está conforme con sus leyes. 

A Adán y Eva le dijo lo que tenían que hacer en el Paraíso y de que árbol no podían comer la fruta. La desobediencia le trajo consecuencias fatales para ellos y sus descendientes. 
Por eso San Pablo dice a sus fieles que tomen en serio las cosas de Dios: “NO SE HAGAN ILUSIONES: DE DIOS NADIE SE BURLA” (Gál. 6, 7). 

Creo que esta falta de seriedad en nuestra relación con Dios está en la raíz de todos nuestros pecados. 

No confundamos la bondad y su amor por nosotros como si Dios NO TOMA ENSERIO LO QUE NOSOTROS HACEMOS.

Tenemos que revisar el concepto que tenemos de DIOS, de su AMOR y de su MISERICORDIA PARA APLICARLO A NUESTRA RELACIÓN CON DIOS Y CON LOS HERMANOS.

El amor de Dios se manifiesta, según mi parecer, de dos maneras distintas:

Es MISERICORDIA para con los pecadores.

Consiste en que nos da todas las gracias necesarias para que nos convirtamos y nos sigue dando las gracias necesarias para que nos mantengamos en ese esfuerzo constante de renuncia al pecado.

El Amor de Dios hacia los Santos se manifiesta en una unión íntima con ellos para que disfruten de su INFINITA BONDAD por toda la eternidad. 

La misericordia de Dios, pues, solamente la utiliza Dios mientras vivimos, pero el tiempo de la Misericordia termina en el momento de la muerte.

¿Por qué Dios nos prohíbe cosas?

Porque nos AMA y sabe que hay cosas que nos perjudican como personas y perjudican también a la sociedad de la que formamos parte. 

Yo me pregunto. ¿Es que los hombres, no importa que título humano tengan, y los parlamentos y gobiernos que aprueban como bueno lo que Dios nos prohíbe, conocerán mejor que Dios lo que nos conviene? 

Los que tal conducta justifican, dan más autoridad a los hombres que a Dios. ¡Son ateos prácticos, aunque se digan creyentes!!!

La cuaresma pronto se termina, pero ¿en qué hemos mejorado nuestra vida de cristianos? 

Le voy a decir en mis propias palabras como podemos saber si hemos tomado en serio la conversión:
El que vive una vida “mala”, que empiece a ser “bueno”, el que es bueno que trate de ser mejor, el que es mejor, que trate ser buenísimo… 

¡En este terreno siempre se puede mejorar cada día!

Si no mejoramos en nuestra relación Dios y con nuestros hermanos ¿En qué cosiste nuestra conversión?

Los Profetas nos dicen en qué consiste la conversión:

“Lávense, purifíquense, aparten de mi vista sus malas acciones, cesen de obrar mal, aprendan a obrar bien”. 

Dios nos habla claro. Dice “no quiero la muerte del pecador, sino que cambie de conducto y que viva”

Todo el problema está en que somos modernos: Nos convertimos SIN CAMBIAR DE CONDUCTA. ¿CREERÁ DIOS EN NUESTRA CONVERSIÓN?

¿Qué piensa usted de esto?