NS 16. Las riquezas no son malas, si uno es bueno

“Lo juro: No puse en el oro mi confianza, ni llamé al metal precioso mi seguridad; no me complacía con mis grandes riquezas, con la fortuna amasada por mis manos”. (Job 31, 24-25) 

“A los ricos de este mundo recomiéndales que no sean orgullosos, que ponga su esperanza, no en riquezas inciertas, sino en Dios, que nos permite disfrutar abundantemente de todo. Que sean ricos en buenas obras, generosos y solidarios. Así acumularán un buen capital para el futuro y alcanzarán la vida auténtica” (1Tim. 6, 17-20)

Son dos textos, uno del Antiguo Testamento y el otro del Nuevo. El del Nuevo Testamento es como un comentario al texto del Antiguo.

Las riquezas, fruto de un trabajo honrado, no son malas, pero se convierten en malas cuando las usemos incorrectamente.

Por eso Cristo nunca condenó las “riquezas”, ni a los “ricos”, sino el mal uso que hacen algunos de lo que tienen.

La virtud de la pobreza es la que nos enseñará a usar correctamente los bienes que poseemos, y también a soportar con alegría, por amor a Dios, las privaciones cuando no los tenemos.

La virtud de la pobreza, se predica poco sobre ella y se vive menos, es fundamental para todos los cristianos. Solamente la vivirán aquellos que tengan amor a Dios y al prójimo.

Esto es lo que nos quiere enseñar San Mateo cuando pone como primera bienaventuranza la virtud de la pobreza. 

“FELICES LOS POBRES DE CORAZÓN, porque el reino de los cielos le pertenece”

En el catálogo de los Santos de la Iglesia hay personas de todas las clases sociales. Desde Reyes, hasta otros que vivieron con mucha estrechez económica.

Un ejemplo de esto es la familia de Nazaret, compuesta por Jesús, Hombre-Dios, por María y José, los dos seres humanos más Santos que han pisado esta tierra. 

Otros vivieron la virtud de la pobreza teniendo abundancia de bienes materiales, aunque para ellos es mucho más difícil practicar esta virtud. Job representa a todas las personas que han acumulado riquezas con su esfuerzo personal, pero no ponen ellas su confianza, sino en Dios.

Algunos para poder vivir esta virtud con mayor perfección repartieron a los pobres sus bienes.

La Sagrada Familia de Nazaret es el modelo para todos aquellos que, teniendo abundancia de bienes materiales, viven pobremente y para los que siempre tuvieron estrechez de bienes materiales, viven con alegría su pobreza. 

En ambos casos, consideran que la verdadera riqueza es tener un corazón lleno de AMOR a Dios y, por amor a Dios, a los hermanos.

Hay también pobres que no han podido acumular riquezas materiales poro tiene su corazón pegado a lo poco que poseen y toda su vida pasan amargados, envidiando lo que tienen los demás y maldiciendo “su mala suerte”. (Por no decir a Dios y a los que tienen más bienes que ellos). 

Son infelices porque tienen su corazón lleno de avaricia, de amargura y de envidia. 

Lo mismo que les pasa a muchos que tienen abundancia de bienes materiales, pero tienen un corazón lleno de una avaricia insaciable y tratan de apoderarse de lo poco que tienes los pebres.

San Pablo nos dice que las riquezas bien usadas sirven para acumular un buen capital para el futuro que es la vida eterna. 

Por eso, la realidad es que el que tiene bienes materiales sin AMOR a Dios y al prójimo, es un miserable, en el más profundo sentido de la palabra.

El que es pobre en bienes materiales pero que tiene AMOR a Dios y al prójimo es el verdadero rico PORQUE ATESORA BIENES PARA LA ETERNIDAD. 

Sigamos el consejo de San Pablo:
“TRATEMOS DE SER RICOS EN BUENAS OBRAS”.

¿Qué piensa usted sobre esto?

Nota: 
Esto es un complementa lo escrito en -NS-12