NS 23. Alguien me comenta …

A alguno de mis lectores le extraña, y me lo comentó, mi afirmación de que nuestra felicidad depende de uno mismo.

Le agradezco al amigo su comentario y, como quizás alguno más tendrá la misma duda, quiero expresar algunas razones por las que yo estoy convencido de eso.

Es cierto que en esta vida no hay felicidad completa, sino que es siempre relativa y esto es lo mismo que decir que siempre careceremos de algo que deseamos.

Por eso la felicidad plena solamente la conseguiremos en el Cielo, porque el deseo de ser felices es insaciable y, solamente Dios, que es la fuente de la felicidad, lo puede saciar.
Santa Teresa de Jesús lo expresó de esta manera: “quien a Dios tiene, nada le falta, SÓLO DIOS BASTA”

No obstante, en esta vida se puede alcanzar una buena cuota de felicidad. 

Lo que impide nuestra felicidad es que pensamos en lo que no tenemos y eso nos impide disfrutar de lo que tenemos. 

Una persona que, al cortar una rosa en su jardín, se pincha con una de sus espinas, puede exclamar: ¡Qué pena que estas rosas tengan tatas espinas!!! Pero también podía decir:

¡Qué hermoso que estas espinas tengan una rosa tan bella!!! 

Los dos ven la misma realidad, pero la ven de manera muy distinta. Esta diferencia depende de cómo percibe esa realidad cada persona.

Apliquemos esto a las distintas etapas de nuestra vida. Voy a empezar por la que yo estoy viviendo. 

Como ya llegué a ser anciano, y vivo con Ancianos, puedo afirmar que hay muy diversas maneras de vivir esta etapa. Para mi es una etapa de experiencias muy positivas. 

He encontrado en San Pablo, Efesios 4, 31-32, una fórmula para ser felices en todas las etapas de la vida.

“Eviten toda amargura, pasión, enojo, gritos, insultos y cualquier tipo de maldad, sean amables y comprensivos unos con otros. Perdónense unos a otros como Dios nos ha perdonado en Cristo”.

Vivir esto no depende de nada de lo que hay fuera de uno. La actitud personal es un arma fundamental para alcanzar la máxima cuota de felicidad en esta vida. 

Esto depende de cada persona y por eso, hay muchas maneras de vivir la ancianidad.

¡Tantas como personas!!!!

No podemos hacer las mismas cosas que cuando éramos jóvenes, sino otras distintas, pero ¿quién nos impide hacer con ilusión lo que podemos hacer?

Si leemos en el Evangelio de San Juan, 21, 18, lo que Cristo profetiza a Pedro, a quien le dio la máxima autoridad sobre su Iglesia, le dice: 

“Te lo aseguro, cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas adonde querías; cuando seas viejo, extenderás las manos, otros te atarán y te llevarán a donde no quieras”.

Este es un pasaje que lo recuerdo muchas veces cada día porque me dice que tengo que hacer dos cosas para ser feliz en esta etapa de mi vida y se lo recomiendo a todos mis amados hermanos Ancianos.

La mayor fuente de conflictos que tenemos los ancianos, es porque hemos olvidado “el OBEDECER”, pero no hemos olvidado “el MANDAR”. ¡Un olvido y un recuerdo solamente!!!

Y los jóvenes ¿por qué no son felices? La fórmula de San Pablo la condensaría en ésta otra especialmente para los jóvenes.

Sus conflictos se originan también en dos actitudes: Mucha devoción a “la diosa LIBERTAD”, y mucho desprecio a “la diosa RESPONSABLIDAD”. 

No quieren comprender que sin RESPONSABILIDAD ES IMPOSIBLE SER LIBRES. 

Para los adultos, si son RESPONSABLES, que no se olviden dos cosas:

Que, “si Dios no lo remedia de otra manera”, un día llegarán a ser Ancianos y que ellos eran jóvenes inmaduros “ayer”.

Sólo así entenderán a los jóvenes y a los Ancianos para proteger a ambos como es SU RESPONSABILIDAD.

Les confieso que me ha costado muchísimo escribir estas líneas… 

Espero que sepan interpretar correctamente mi fórmula para ser FELICES EN ESTA VIDA 
¿Y después?: EL CIELO…. 

¿Qué piensa usted de todo esto?