NS 24. Ampliando el tema

En mi escrito anterior cité el texto de San Juan: (21, 18) que decía:
“Te lo aseguro, cuando eras joven, tu mismo te vestías e ibas a donde querías; cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te atará, y te llevará a donde no quieras. Lo decía indicando con qué muerte había de glorificar a Dios”.

Quiero comentar este texto desde mi punto de vista muy personal. 

Seguramente al leerlo, pensarán que lo escribo para que lo lean las personas que están en Hogares de Ancianos.

No creo que me lean los que están recluidos en Hogares de Ancianos. 

Por eso, lo escribo pensando en los que están llenos de vitalidad y aquellos que piensan que nunca no estarán en Hogar de Ancianos.

Las debilidades propias de la ancianidad, que son las mismas para todos, más o menos, son las que nos atan.

Veo la realidad, que es la que siempre se impone, de esta manera.

Primera limitación. Es el espacio en que uno se puede mover de forma independiente, normalmente nos limitan al hogar y sus alrededores. 

Podrás salir de tu casa en un carro de lujo, pero lo guiará otro, cuando te bajes, vas a notar que eres más lento en tus movimientos. 

Podrás contemplar la campiña, la playa, la puesta del sol recordando con nostalgia, arrimado a tu lujoso carro, parqueado al borde de la autopista, pero no caminando con agilidad y alegremente por la playa como lo hacías en otros tiempos. ¡Ningún joven y adulto en completa vitalidad piensa que le va a suceder él esto!!!…

Después nuestras debilidades nos atan a un bastón. Podrá ser de oro o de otro material cualquiera, pero siempre te irá diciendo que la vitalidad se va tornando cada día en más debilidad.

¿Y qué decir del andador? Aún limita más tu movilidad a un área más reducida que el bastón

Después el andador se sustituye por una silla de ruedas que nos ata más y que indica que cada día necesitas más ayuda para moverte porque ya no te tienes de pie.

Y el amarre más completo es la cama que prácticamente nos quita toda movilidad y autonomía.

Solamente hablo de la realidad física. ¿Qué decir de las psicológicas y mentales?… 

¿Quién está libre de estas ataduras? 

No son los demás los que nos atan, sino nuestra propia naturaleza.

A los que nos rodean tenemos que agradecerle que nos señalen nuestras limitaciones, porque normalmente no nos damos cuenta de ellas. ¡No las queremos admitir!!! 

El problema de la ancianidad es que nunca pensamos que Jesús nos había preguntado muchas veces también como a Pedro: ¿me amas más hoy que cuando eras niño, cuando eras adolescente, cuando triunfante en tus estudios universitarios, cundo sufriste la más amargar desilusión de tu vida?… etc. 

La realidad es que CADA DÍA Jesús nos pregunta: ¿“me amas hoy más que ayer?… “tenemos ojos y no vemos” lo que les pasa a los abuelos a nuestros padres … ¡y a todos!

Le voy a decir como yo personalmente interpreto las limitaciones que tengo y que cada día son más.

Son telegramas que me envía San Pedro, que no logro descifrar por completo, pero sí entiendo claro que me dice: vive tranquilo que estás en lista, tu Padre Dios no te ha olvidado de ti, sino que piensa en ti cada instante del día.

Esta manera como te encuentra ahora quiere que la aproveches para glorificarlo, creciendo es su amor

Muy pronto te dirá como me dijo a mí: “Ven, sígueme.”

Cada noche al reposar mi cabeza sobre la almohada para descansar no me olvido de meditar la pregunta que me hace Jesús, y que creo que hace a todo Cristiano: ¿Me has amado HOY más que AYER? …. Señor tú lo sabes todo, sabes que no te amo como TÚ TE MERECES…

¡¡¡¡ TEN MISERICORDIA DE MÍ !!!!