NS 57. Orar por los vivos y difuntos

Esta es la séptima obra espiritual de misericordia.

Orar unos por otros es un tema muy recurrente en la Biblia y de una manera muy frecuente en el Nuevo Testamento.

Se considera como parte del mandamiento del amor. “Amad, dice Cristo, a vuestros enemigos y orad por los que los persiguen” (Mt. 5, 44)

Esto es común en todas denominaciones cristianas. Donde hay bastante diferencia es sobre lo que pasa después de muerte.

La Iglesia católica nos enseña que los que mueren y alcanzaron la salvación podemos pedirle que oren por nosotros para que podamos alcanzar esa meta.

Esta es la doctrina sobre la intercesión de los Santos que ya traté en otros programas.

Los que dicen que cuando morimos quedamos inconscientes hasta que se acabe este mundo, hay suficientes textos en la Biblia que afirman lo contrario. Ya los veremos en los diferentes artículos dedicados al Purgatorio.

El orar por los difuntos es porque hay la doctrina sobre el Purgatorio claramente expresada en la Biblia.

Pienso dedicar algunos programas a aclarar estos temas según la doctrina de la Iglesia católica

Primero de todo tener conciencia clara de lo que es el pecado, de la Santidad y Grandeza de Dios y el AMOR INFINITO QUE TIENE A TODO LO QUE EL HA CREADO Y DE UNA MANERA MUY ESPECIAL AL SER HUMANO.

El que tenga conciencia de estas verdades se dará cuenta que cualquier pecado es un acto de ingratitud hacia Dios, porque Él nos creó con inmenso amor y todo lo que tenemos y somos es fruto de su amor. Los designios de Dios sobre el ser humano son designios de amor, nos dice en su Palabra.

Precisamente a los cristianos nos falta esa conciencia de la tragedia que es el pecado en nuestra vida.

Si leen atentamente el tercer capítulo de Génesis donde se habla del primer acto de desobediencia a lo que Dios les había mandado, nos daremos cuenta, que la mentalidad que tenemos hoy es también pensar que Dios es nuestro enemigo, que nos exige demasiado, que sus mandamientos nos impiden ser felices …

La felicidad hay que buscarla, no por atajos, que es el pecado, sino siguiendo el camino señalado por Dios, que son sus mandamientos. 

Eva sabía muy bien lo que Dios le dijo y que penalidad tenía el pecado si desobedecían.

Les recomiendo que lean Gál. 5, 19-22 y 1Cor. 6, 9.11 que nos dice que los que hacen esas cosas están excluidos del reino de los cielos.

Mejor si leemos todo el Nuevo Testamento y miramos cuanto de lo que dice lo estamos practicando….

El sincero arrepentimos puede borrar nuestras ingratitudes para con Dios.

También hay distintos grados de arrepentimiento. Solamente Dios es el que puede medir la gravedad del pecado y el grado de arrepentimiento que hay en el corazón del ser humano. 

El pecado mortal nos priva de la vida de amistad con Dios y por tanto de la presencia amorosa de Dios en el alma. Nos separa de Dios hasta que se restablezca de nuevo nuestra amistad con Él por medio del arrepentimiento y penitencia.

Pero el pecado tiene dos penas:

Una es eterna y esa se nos perdona con la contrición y la confesión.

El que muera sin confesar y arrepentido de los pecados graves que a haya cometido pierde la salvación. 

Pero el pecado tiene otra pena temporal que se nos perdona en esta vida con actos de mortificación, con todas las obras buenas que hagamos por amor a Dios.

Pero si no hicimos suficiente penitencia en esta vida y no hemos alcanzado el grado de purificación necesario para entrar en el cielo se nos da la oportunidad, después de la muerte, de pagar esa pena temporal.

Este estado de purificación, después de la muerte, le llamamos Purgatorio que significa purificación.

No olvidemos que la gravedad del pecado se mide por la dignidad de la persona que se ofende.

REALMENTE ES ALGO INCOMPRENSIBLE OFENDER A QUIEN NOS AMA INFINITAMENTE, EL QUE NOS DIO TODO LO QUE SOMOS Y TENEMOS .