NS 56. Todo tiene un propósito en la vida

Nada sucede sin causa suficiente dice un principio de filosofía

Quizás esta afirmación le parezca un tanto rara a algunos de mis lectores.

El hecho que uno no conozca el propósito no quiere decir que no lo tenga.

Lo que pasa es que el propósito por lo que Dios permite algo en nuestra vida, nosotros no lo conocemos. 

Pero la experiencia me dice que solamente los perturbados mentales hacen cosas sin saber para qué. 

Dios no es un perturbado y por eso no puede hacer las cosas sin saber para qué. Siempre persigue algo bueno.

La sabiduría popular compendia en una breve frase todo un tratado de profunda teología sobre la providencia de Dios.

Lo expresa con esta frase:
“Dios escribe derecho con líneas torcidas”. 

El problema nuestro es que solamente pensamos que es bueno para nosotros lo que nos agrada, lo que no nos cuesta esfuerzo ni sacrificio, lo que nos hace cómoda esta vida.

El propósito de Dios es más transcendental, es nuestra salvación y por eso siempre nos da aquello que va en esta dirección, porque Dios hasta el último instante de nuestra vida intentará lograr ese propósito.

Por tanto, todo lo que me pase en esta vida, Dios lo permite para facilitarme la salvación.

Yo sé que nos cuesta aceptar esto, porque al darnos Dios la libertas, nos hace responsables de nuestras decisiones. 

La Iglesia nos recuerda esto cada vez que nos reunimos para celebrar la eucaristía.

Después de la liturgia de la Palabra y hacemos el Ofertorio, en el prefacio nos invita darle gracias a Dios:
“Demos gracias al Señor nuestro Dios”, y los fieles contestan:
“Es justo y necesario”

Y el celebrante nos dice qué alcance tiene nuestra respuesta. 

Copio de un prefacio de la Misa:
En verdad es justo darte gracia y deber nuestro alabarte, Padre santo, Dios todo poderoso y eterno, en todos los momentos y circunstancias de la vida, en la salud y la enfermedad, en el sufrimiento y en el gozo, por tu siervo Jesús nuestro Redentor …

¡Cuánto tiempo pasamos recitando oraciones sin pensar lo que decimos!

Pues bien, volviendo al tema que nos ocupa, los defectos de los que conviven conmigo es a ellos a quienes le hacen daño.

A mí me dan la oportunidad de hacer un examen de conciencia para ver como amo a Dios y como amo a los hermanos. 

Es una oportunidad que me da el Señor para crecer en el AMOR hacia ambos, orando por el hermano y ofreciéndole a Dios con amor, como penitencia por los pecados de ambos, las molestias que me ocasiona.

La cruz que el Señor nos dijo que sus seguidores tenían que cargar cada día tiene varios componentes y uno de ellos es la convivencia, sobre todo en la familia y en taller de trabajo.

Me refiero a la vida familiar, pero se puede aplicar a todos los casos. 

Has pensado alguna vez ¿por qué tenemos tanto interés en que los demás se corrijan de sus defectos. ¿No es porque nos molestan? ¿Tenemos el mismo interés en corregir los nuestros?

Esto denota que tenemos mucho egoísmo y soberbia en general.

Exigimos al hermano que se corrija, no para que él sea mejor persona y que sea más responsable y se acerque a Dios, sino para nosotros vivir más cómodos.

Aún en el caso de infidelidad en el matrimonio y otros muchos casos de ofensas graves, nos duele mucho la ofensa que recibimos, pero ¿la ofensa que se hace a Dios?

Parece que nosotros somos más importantes que Dios… 

¡Esto es un acto de soberbia y de egoísmo tremendo!!!

Si pensásemos primero en la ofensa que hace a Dios, oraríamos por el que lo ha ofendido, y no guardaríamos rencor…

Meditemos más profundamente sobre la verdad de que Dios quiere mi salvación, pero también confía que yo le sirva de instrumentos para la salvación de los demás…

A ése a quien tu aborreces y maldices, Cristo lo sigue amando porque dio la vida por él. 

DIOS ABORRECE AL PECADO, PERO AMA AL PECADOR 

Lee Mt. , 38-48 y Lc. 6, 20-39 y mira si la aplicas cada día en tu convivencia con los demás