NS 55. Sufrir con paciencia los defectos de los demás

Esta es la sexta obra espiritual de misericordia.

La falta de paciencia es bastante común en la vida de todos nosotros y como “nada sucede sin causa suficiente” todo lo que le pase a uno en la vida, tiene alguna causa que lo origina.

El problema es que buscamos la causa donde no está. En este caso la buscamos fuera de nosotros, donde no está, para no tener que reconocer nuestra falta de amor. 

Reflexionando llegué a la conclusión que la falta de paciencia que yo siento con frecuencia la causa está dentro de mí y por tanto no puedo echar la culpa a nada de lo que me rodea.

El ambiente que me rodea solamente es el termómetro que mide cuanta paciencia tengo y cuanta me falta. 

El lenguaje que debíamos usar en vez de “no tengo paciencia” es “tengo muy poca capacidad para amar” 

El echar la culpa a los demás es un absurdo y me explico con un ejemplo de mi vida diaria.

Soy diabético hace muchos años y tengo que controlar el nivel de azúcar en la sangre.

Sería un insensato si cuando el glucómetro me indica que lo tengo muy alto el azúcar pensase que es el glucómetro el culpable.

Las causas son otras muy distintas y son las que tengo que controlar. 

Tengo que tomar los medicamentos adecuados, controlar la cantidad de alimentos y seleccionar los más adecuados, porque hay alimentos que producen más azúcar que otros.

Son tres cosas que debo hacer: Medicina, dieta y ejercicio.

Pero todo esto depende de actos de mi voluntad, no de nadie que esté a mi lado. 

La medicina para controlar el mal carácter es aumentar mi capacidad de amar, hasta tal categoría que vea el amor de Dios en todo lo que me sucede, hasta que amar a todos los seres humano como Dios los ama.

Esto que a muchos les parecerá exagerado es lo que exige Cristo a cualquier discípulo suyo.

Lean con un poco de calma los evangelios los demás escritos del Nuevo Testamento y encontrarán normas claras de como debe actuar un cristiano.

Sabemos que Cristo murió por la salvación de todos y desea también la SALVACIÓN de todos: de tú esposo de tus vecinos … incluso del mayor criminal que haya en el mundo. 

La virtud de la paciencia es como el resumen de todas las demás virtudes cristianas porque se necesita tener mucho amor a Dios y a los hermanos.

Cristo nos dijo que el que ama de verdad, cumple con todos los mandamientos.

Les copio unos versículos de la carta a los Hebreos para veamos la diferencia entre los primeros cristianos y nosotros. 

Hbe 10, 32-39:
“Recuerden los primeros días, cuando, recién iluminados, sostuvieron el duro combate de los padecimientos: unos expuestos públicamente a injurias y malos tratos, otros solidarios de los que así eran tratados. Compartieron las penas de los encarcelados, aceptaron con gozo que los privaran de sus bienes, sabiendo que poseían bienes mejores y permanentes.

Por tanto, no pierdan la confianza, que ella les traerá una gran recompensa. A ustedes les hace falta la paciencia para cumplir con la voluntad de Dios y obtener lo prometido” 

Ellos estaban plenamente convencidos de lo que nos dice San Pablo: “Para los que aman a Dios, todo coopera para su bien”.

El que quiera saber si ama mire cuanto está dispuesto a sufrir por ayudar a los demás a salvarse.