NS 52. Pedir perdón de corazón

Seguimos con el tema del perdonar las ofensas.

Parece que no es muy fácil, pero el perdonar de corazón, es indispensable para salvarnos.

Los textos son muy claros y abundantes en la Biblia y la Iglesia nos lo recuerda todos los días.

Los que frecuentan la celebración de la Eucaristía no sé si se fijaron que la Iglesia nos hace recitar en alta voz, al sacerdote y fieles presentes, la oración del “Padrenuestro” como preparación inmediata para la comunión.

La Iglesia nos enseña, que todos necesitamos del perdón de Dios, pero ese perdón está condicionado a que nosotros perdonemos de corazón a los hermanos.

Miren lo que decimos, pero no siempre de corazón: “perdónanos nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido”. Y ¿habrá alguien que no necesite el perdón de Dios?

Nos dice san Agustín: ¿Cómo tú te atreves a pedir a Dios para ti, lo que tú niegas a tu hermano?

Desde mi punto de vista es más fácil el perdonar, que pedir perdón de corazón.

Pedir perdón de corazón supone un arrepentimiento muy sincero de no volver a ofender.

No es cuestión de lo que decimos con la boca, hay que examinar cual es la actitud que tenemos en el corazón.

El pedir perdón de corazón supone el deseo de reparar los daños que causa nuestra ofensa, muchas veces, gratuita e injusta, y que si se repite con frecuencia, los daños causados serán más trascendentales y permanentes.

Causa una serie de daños psicológicos y muchas veces físicos que son muy difíciles de reparar, principalmente cuando el ofendido confiaba en la persona ofensora, como pasa en el maltrato psicológico e infidelidad matrimonial.

Muchas veces el pedir perdón sin realmente estar arrepentido es una ofensa mayor, porque es una manera de intentar manipular a la otra persona para seguir engañándola, fingiendo un arrepentimiento que no tiene.

Son personas manipuladoras que abusan de la buena voluntad de la persona ofendida, se deshacen en lágrimas porque los cogieron con las manos en la “masa” y no tiene valor para enfrentarse con las consecuencias negativas que les acarrean sus malas acciones.

Cuando hacemos algo, sabiendo que es incorrecto, es lógico que las consecuencias sean negativas y el no tener valor para enfrentarse a ellas, es señal de personas que no maduran con los años, sino que se “pudren”.

Yo le recomiendo a la persona que es víctima del engaño, que le perdone de corazón, ore por su conversión, pero que exija obras, es decir, que demuestre con el cambio de conducta que realmente está arrepentido.

Pero requiere paciencia y tiempo y diálogo sincero por parte de los dos porque en el matrimonio cuando pasan estos casos, normalmente los fallos vienen por culpa de los dos, aunque uno parezca más culpable.

La causa principal, creo que es, por falta de preparación remota, la educación del hogar.

Además, la falta de preparación próxima, el noviazgo que, normalmente, tiene de todo, menos lo que debe tener un noviazgo serio y responsable.

El Matrimonio es una vocación, pero los dos deben tener esa vocación. Cada parte tiene que analizar su vocación y la del otro.

 ¡Qué complicado!!! Pero eso lo ven después que se casan en vez de verlo antes

Pero nunca es tarde si la dicha es buena. Siempre hay oportunidad de empezar una vida nueva y subsanar las carencias que tiene cada componente de la pareja humana.

Para lograrlo necesitan los DOS tomar en serio su vida religiosa, asumir cada uno la cuota de responsabilidad que le corresponde y buscar ayuda de personas que le puedan orientar.

Deben entender que problemas tan serios como esos tienen solución, pero requieren mucho sacrificio y ayuda mutua por parte de los dos.

Las soluciones precipitadas y fáciles no solucionan el problema, sino que lo prolongan y multiplican las consecuencias negativas.

Lo más triste es que dos que se prometieron amarse y respetarse toda la vida, terminen odiándose.

Es muy triste para cualquier persona ver los casos que no piensan en el daño que le causan a sus hijos y los usen como bola de pimpón para satisfacer el espíritu de venganza contra el otro consorte.

¡No nos engañemos! En esta sociedad que se enorgullece de tanto progreso tecnológico, tiene un retroceso “BRUTAL” EN VALORES HUMANOS y CRISTIANOS, porque cada día se dan más casos que por vengarse del otro consorte, asesinan a sus hijos inocentes.

Señores políticos, que pase esto, no es carencia de legislación, que cada día se multiplican las leyes, ni cuestión de falta de medios económicos, porque cada vez asignan más presupuesto, el remedio está en una educación rica en valores humanos y cristianos y propiciar un ambiente para fortalecer la familia y se sientan estimuladas a formar una familia según el plan del Creador de la pareja humana.