NS 48. Corregir al que hierra es amarlo

La corrección fraterna, como cualquier otra obra de misericordia, es un acto de caridad hacia el hermano.

Se podría decir que es Dios que utiliza como instrumento a otra persona para recordarnos que desea nuestra salvación y que tenemos que corregir nuestra conducta.

Por eso la persona que corrige tiene que hacerlo con recta intención de ayudar a la persona a ser mejor ser humano y mejor cristiano.

Tiene que reflejar, pues, la paciencia y la misericordia de Dios en su actuación.

Cuando falta la recta intención, se convierte en un acto de egoísmo.

San Mateo nos enseña en su evangelio, la forma adecuada de cómo debemos ejercer la corrección fraterna.

No es fácil reunir las actitudes para practicar esta obra de misericordia.

Solamente quiero señalar algunas de esas actitudes: requiere delicadeza, prudencia, humildad, y amor a Dios y al hermano.

Todos conocemos ejemplos que, por no saber corregir adecuadamente, surgen grandes desavenencias entre las personas.

Esto pasa siempre cuando no hay amor y compresión y lo hacemos, no para ayudar al hermano, sino por la molestia que nos causa la conducta del hermano. Esto no es un acto de caridad.

Esto pasa con mucha frecuencia entre vecinos sobre todo cuando no hay buenas relaciones entre ellos.

Cuando no hay amor se realiza la corrección de una forma muy poco amable, con coraje, con insultos y rabia, hasta el punto de amenazarle con llamar a la Policía.

¡Piensen en las parrandas navideñas a altas horas de la noche!

No se piensa en ayudar al hermano, sino evitar las molestias que me causa su conducta.

Buscamos argumentos para justificar nuestros malos modales:

Que si no me dejan dormir, que si tengo que madrugar, que si me duele la cabeza… y como si fuésemos una pistola automática le disparamos una sarta de insultos….

Qué muchas veces es verdad lo que decimos, pero … los malos modales y la falta de amor y comprensión siempre empeora el problema.

Generalmente la otra persona se defiende y usa artillería más pesada…

Además de la falta de delicadeza, la virtud de la paciencia, de la prudencia y tolerancia están ausentes, porque ninguno las invitó a la fiesta porque no son conocidas.

Las normas que nos da Cristo en el evangelio suponen que la corrección es para que el hermano mejore sus relaciones con Dios y con los demás.

 “Si tu hermano te ofende, ve y corrígelo, tú y él, a solas. Si te escucha, has ganado a tu hermano.

¿Por qué nos enfadamos cuando alguien nos ofende?

Es corriente la expresión: “me ha hecho mucho daño, me ha ofendido mucho” … pero no pensamos en la ofensa que el hermano le hizo a Dios, y el daño espiritual que se hace.

¿Es uno más importante que Dios?

Dios sigue amando al hermano, aunque aborrece su conducta.

Cuanto mayor sea la ofensa recibida más obligación hay de orar por el hermano para que se de cuenta de que lo que hizo ofende a Dios y pone en peligro su salvación.

Olvidamos pronto lo que dijo Cristo: “Lo que hagas a uno de mis hermanos a mí me lo haces”.

La corrección solamente se justifica cuando se busca la salvación del hermano.

Cristo nos ha dejado en el Evangelio cuál debe ser nuestra actitud con el hermano que nos ofende:

“hagan bien a los que le hacen mal, trata a los demás como quieres que ellos les traten a ustedes, venzan el mal con el bien, bendigan al que los maldigan, amad a vuestros enemigos, orad por los que os persiguen…

Hay bastantes verdades que todos conocemos, pero que, “todos” consideramos que son los otros los que tienen obligación de cumplir conmigo.

Cristo es el Maestro que practicó lo que nos enseñó: “Padre perdónalos que no saben lo que hacen”

Yo creo que Cristo con esta frase nos enseña algo fundamental.

Es lo siguiente: No pensemos en lo que nos hacen sufrir la mala conducta de los hermanos, sino en las ofensas que hacen a Dios y que pone en peligro su salvación eterna….

Si quieres tener éxito en la corrección de tu hermano, te aconsejo los siguiente:

PERDONA,  AMA Y ORA INTENSAMENTE. LO EXIGE TU SALVACIÓN Y LA DEL HERMANO