NS 47. Corregir al que se equivoca

Las tres primeras obras espirituales  de misericordia tratan del mismo tema, aunque sobre aspectos distintos. Enseñar, aconsejar y corregir son  distintos aspectos de la educación integral de la persona.

Si delicado es el enseñar y aconsejar, más delicado es saber corregir para que la corrección estimule al otro a dejar costumbres que le perjudican.

El corregir es señalar algún defecto a otra persona y puede ser un acto de amor, pero muchas veces es un acto de egoísmo y soberbia. Todo depende la intención del que corrige

En el que corrige debe poseer unas característica  que por desgracia no son muy comunes en el ser humano.

Requiere  prudencia, humildad y valentía, entre otras, y esto solamente se da en las personas que tengan una dosis considerable de amor a Dios y a los hermanos.

El cumplir con las obras de misericordia espirituales es mucho más difícil que las corporales, quizás por eso se habla poco de ellas.

Para cumplir con ésta en concreto, se necesita ser conscientes de que Cristo  ejerce ahora su función profética por medio de la Iglesia para llamar a la conversión a toda la gente. Pero esto  quiere que decir que la ejerce por medio de nosotros los cristianos.

Meditamos poco que  somos fruto de un acto de amor de Dios y que su voluntad  es que ese amor se prolongue  por toda la eternidad.

Esto será una realidad si seguimos el camino que Él nos ha trazado con sus mandamientos.

Cristo, que es Dios, se hizo hombre para enseñarnos cómo debe ser el amor que  nos lleva por el camino del cielo.

El mandamiento de Cristo es clarísimo:” Ámense unos a otros COMO YO LOS HE AMADO” .

Es importante darnos cuenta la forma como nos amó Cristo que exige la renuncia a “otros  muchos amores” porque hay amores que nos desvían del camino del cielo.

Corregir esa desviación es el único objetivo de esta obra de misericordia.

Esos amores en el leguaje humano  le llamamos PECADO.

Para practicar esta obra de misericordia, “corregir al que se equivoca”,  supone que tengamos  voluntad de cumplir la otra finalidad que tiene Dios al llamarme a la existencia y a formar parte de SU IGLESIA.

Dios nos quiere utilizar como instrumento para la salvación de nuestros hermanos.

Por tanto, como el mayor error que comente el ser humano es  buscar la felicidad en el Pecado, y como Cristo nos enseñó con su ejemplo cómo tenemos que amar, porque Él nos amó  entregando su vida por la redención de todos los seres humanos, si yo no me preocupo por la salvación de mis hermanos, pongo  en peligro mi propia salvación.

Esta obra de misericordia nos impone la obligación de acercarnos al  hermano que lleva un camino equivocado  para mostrarle el camino verdadero.

Lo que quiere decir esto es que para salvarme, hay que ayudar a la gente a salir de una vida de pecado, porque la finalidad de la corrección debe ser la salvación del hermano y la gloria de Dios.

Santiago  precisamente  termina su carta sobre el AMOR, con esta palabras:

“Hermanos míos, si uno de ustedes se aparta de la verdad y otro de ustedes lo endereza, el que convierte al pecador del mal camino salvará su vida de la muerte y obtendrá el perdón de una multitud de pecados” (St. 5, 20)

Cualquiera ve que  es un función muy delicada el corregir a otra persona, cuando son personas sobre las que no tenemos ninguna autoridad, porque la corrección fraterna, cuando no se hace con mucha prudencia, cuando no se sabe  exponer la verdad con  amor y humildad, puede ser muy contraproducente.

Hay un  ejemplo en el evangelio de San Juan, 8,3-12 que para mí, es la mejor enseñanza que encontré para saber corregir a otro, no importa cuál sea el pecado.

Se trata cuando a Cristo le presentan los fariseos  la mujer adúltera para que la condenase.

Cristo, no solamente la juzgó a ella, sino a los que la acusaban. Estos “fueron por lana y salieron trasquilados”, como dice el refrán popular, porque ellos salieron condenados y a la que ellos condenaban salió absuelta.

Cristo, no hay duda, que tenía una forma muy adecuada para corregir porque los pecadores y los niños eran los que le seguían y se acercaban a Él.

¿Cuál es la forma adecuada para que la corrección sea efectiva?

Ese será el tema de mi próximo escrito, pero yo como sacerdote, los padres de familia, los maestros, los grupos de apostolado, y todos los que tengan autoridad sobre algunas personas, debíamos tratar de meditar por qué la gente buscaba a Cristo que, como nos dice el evangelio, no le dejan tiempo para comer, sin embargo le decía la verdad con toda franqueza.

A la mujer la absuelve pero no le dice que el adulterio no tiene importancia, sino todo lo contrario y que por lo tanto que tiene que enmendar su vida. Condena la conducta pecaminosa, pero no condena al pecador. NO TE CONDENO PERO NO VUELVAS A PECAR …