NS 45. Aconsejarse con ¿quién?

La segunda obra espiritual de misericordia espiritual se necesita mucha prudencia, tanto por el que aconseja como el que pide el consejo.

Veamos porqué tiene que ser prudente el que pide el consejo.

Es de sentido común que uno tiene que buscar un consejero que tenga la preparación adecuada en la materia en que uno necesita la ayuda.

Si es un consejo legal, es evidente que se busque a un Abogado, pero teniendo en cuenta que no todos son iguales, en lo posible, hay que buscar al que nos ofrezca mayor seguridad de acierto.

 En todas las profesiones hay muchos que poseen el mismo título, pero no todos son igualmente exitosos en su profesión.

Por tanto, una medida de prudencia es hacer algunas averiguaciones ante de confiarle el problema legal.

Como pueden entender mis lectores he puesto este ejemplo de las leyes, en que una mala decisión puede acarrear daños económicos, sufrimientos, etc. para esta vida.

 Pero cuando se trate de cosas que transcienden a la eternidad, hace falta un mayor cuidado. porque está en juego nuestra salvación.

En materia religiosa hay que ser mucho más cuidadosos en averiguar la solvencia moral del consejero que uno elige, además de su preparación humana.

Además, es necesario que el que pide consejo sea sincero y no desfigure la realidad para recibir una contestación que le favorezca, para ocultar su culpabilidad moral.

No se puede tapar el cielo con la mano: los hijos  echan la culpa a sus  padres, los malos estudiantes, a sus maestros, los problemas en el trabajo, al jefe, o a los compañeros, los esposos el uno al otro, los sacerdotes a los feligreses y los feligreses a su sacerdote … 

 No quiero decir que no se den esos casos muchas veces muy reales, pero quizás se podría decir lo siguiente: “mi padre le echa la culpa a mi madre, mi madre me la echa a mí, yo la echo a mis hermanos, pero todos somos culpables aquí”.

El buscar consejo no puede ser para culpar a nadie, sino para aclarar qué tengo que cambiar en mi conducta para ayudar a los demás a ser mejores.

En la raíz de todos los problemas que tenemos está el Egoísmo, con su hija mayor que se llama soberbia, y que nos induce a pensar que los demás nos ofende para hacernos sufrir.

No pensamos que, si eso fuera cierto, a quien ofenden es a Dios y esto nos debe llevar a ser comprensivos y a orar mucho por ellos para que aumente su fe y se esfuercen para mejorar su conducta creciendo así en el amor de Dios.

Por parte, del consejero también tiene que ser muy prudente, no convertir el consejo en un mandato y si no se siente capacitado en la materia, referirlo a otra persona.

Es importante saber evaluar la confiabilidad que merece la persona que nos aconseja.

Soy de parecer que no se debe hacer caso, de los consejos que leemos en los medios de comunicación, sobre muy variados temas, desde los consejos de los Horóscopos hasta muchos temas de salud…

Tenemos necesidad de formar nuestro criterio para saber distinguir entre la paja y el trigo, porque hay personas que le dan más veracidad a lo que se publica en los medios de comunicación que a la misma palabra de Dios, que es la Biblia.

Les sugiero a mis lectores que dediquen tiempo a leer y meditar el libro de los Proverbios porque esos consejos están respaldados por la autoridad de Dios.

Para aquellos jóvenes, que no tienen confianza con sus padres para contarle sus problemas y siguen el consejo de quienes “son amigos suyos”, copio los siguientes consejos del libro de los Proverbios:

“Guarda, hijo mío, los consejos de tu padre y no rechaces las enseñanzas de tu madre, llévalos siempre atados al corazón y cuélgalos en el cuello: cuando camines te guiarán; cuando descanses te guardarán; cuando despiertes, hablarán contigo”.

Como sé que muchos no leerán el libro de los Proverbios que por lo menos lean el capítulo 6 del que está tomado el texto citado. Tiene consejos muy útiles para todos.

Estoy plenamente convencido: CUANTO MÁS ESCUCHEMOS A DIOS, MENOS CONSEJOS NECESITAREMOS DE LOS HOMBRES…