NS 42. Algunas ideas y reflexiones

Quizás no pensamos la importancia que tiene las obras de misericordia para vivir cristianamente.

He pensado exponer algunas ideas sobre ellas, empezando por las obras de misericordia espirituales, que es de las que menos se habla, porque también son las que menos practicamos, ¡quizás.!

Las obras de misericordia son un catálogo de virtudes que tenemos que practicar diariamente, si queremos desarrollar una vida cristiana coherente con la Fe que profesamos.

Todo cristiano debe practicarlas según las distintas circunstancias de la vida de cada uno.

Aquí se puede aplicar muy bien el dicho “obras son amores y no buenas razones” porque si queremos vivir el amor cristiano hay que hacerlo realidad practicando estas virtudes. 

La primera obra de misericordia espiritual es: “enseñar al que no sabe.”

Esto se refiere a la obligación que tenemos, de defender estas verdades y transmitirlas a los que nos rodean.

Lo que San Pablo dice: Estar preparados para dar razón de nuestra Fe”.

Pero ¿cómo vamos a practicar esta obra de misericordia si nosotros no tenemos interés en conocer dichas verdades?

Se cumple lo que dijo Cristo: “Si un ciego guía a otro ciego ambos caen en un pozo”.

Tenemos que tener cuidado, no sea que, con buena voluntad, pensemos que estamos trasmitiendo las verdades de la Fe y transmitimos nuestros errores y aumentamos la confusión en los que nos escuchan.

Alguno puede sentirse tranquilo pensando que no está preparado para enseñar esas verdades….

Ignorar lo que uno tiene obligación de conocer, no exime de responsabilidad, sino que la aumenta.

La pregunta que hay que hacerse y contestarla con sinceridad es: ¿por qué tengo tan poco conocimiento de esas verdades de mi Fe?

Hoy hay abundantes medios para formarse, pero…..

Desde mi punto de vista, hay una sola causa.

El conformarnos en ser cristianos “diplomados” y, como consecuencia, la falta de interés en ser cristianos de CORAZÓN.

Quiero recordarles a mis lectores la parábola de los talentos (Mt. 25, 14-31):

Creo que no nos vendrá mal una reflexión seria sobre lo que pasa al criado que había recibido un talento, pero que lo enterró.

Quizás somos muchos que enterramos los talentos que Dios nos ha dado.

Su señor lo llamó

“Siervo indigno, perezoso e inútil”.

Las consecuencias so muy graves:

“Al sirviente inútil, dice, expúlselo a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el crujir de dientes”

Es muy significativo que, a continuación de esto, San Mateo presenta la escena de Juicio final, donde precisamente nos examinarán de como cumplimos con las obras de misericordia.

La sentencia condenatoria recae sobre aquellos que no hicieron el BIEN y es la misma que recibió el siervo indigno, perezoso e inútil

He sacado una conclusión, muy personal, y es la siguiente:

EL BIEN QUE NO HICE, SE CONVIERTE EN UN MAL PARA MÍ QUE ME HACE INDIGNO DEL AMOR DE DIOS. Cada uno saque sus propias conclusiones  ,,,