NS 40. Todo bautizado es sacerdote

Creo que el gran fallo que tenemos los bautizados es aplicar a la Iglesia los mismos criterios por los que se rigen las demás organizaciones civiles, porque la finalidad de la Iglesia es desarrollar el reino de Dios en el corazón de cada ser humano.

La Iglesia es obra de Cristo, y por eso, aunque está formada por seres humanos, es de origen divino.

Las otras organizaciones humanas, tienen otro origen y otras finalidades.

Quizás esta frase lo defina bastante bien: “Estamos en el mundo, pero no somos del mundo, porque trabajamos para un Reino que trasciende las fronteras de este mundo”.

El que quiera tener una idea correcta de lo que es la Iglesia y lo que tiene que ser cada bautizado en la Iglesia, que medite lo que dice Cristo, y nos narra San Juan en el Sermón que Cristo dirige a los Apóstoles en la Última Cena.

Fue una Homilía larga y va dirigida también a cada uno de nosotros. Son 5 capítulos, del 13 al 18.

Me voy a fijar solamente en algunas frases del capítulo 17.

“Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me has confiado, pues son tuyos…. Ya no estoy en el mundo, mientras que ellos están en el mundo … Yo le comunique tu palabra, y el mundo los odió, porque no son del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del Maligno. No son del mundo como yo no soy del mundo…

¿Alguna vez has oído que Cristo en esta oración te nombró a ti en el versículo 20?: “No sólo ruego por ellos, sino también por los que han de creer en mí por medio de sus palabras”. ¡Pensó en todos nosotros!

San Pedro hablando del bautismo nos instruye de lo que realiza el Bautismo en la persona que lo recibe.

“Ustedes son raza elegida, sacerdocio real, nación consagrada y pueblo adquirido para que proclamen las maravillas del que los llamó de las tinieblas a su maravillosa luz”. (Pe. 2, 6-10)

Esta verdad hacía exclamar a San León Magno: “Reconoce, ¡oh cristiano!, tu gran dignidad” …

Todos participamos del sacerdocio de Cristo por el bautismo, por eso somos miembros de Cristo y por eso la Iglesia es el cuerpo de Cristo.

El sacerdocio que recibimos en el bautismo tenemos que ejercerlo día a día. No es un título honorífico, sino un estilo de vida.

Es Dios quien nos elige por puro amor, y somos un pueblo que pertenecemos a Dios, porque nos rescató de las tinieblas del pecado a esa luz maravillosa que es la vida eterna.  

¿Se han preguntado alguna vez si están ejerciendo su sacerdocio?

Les voy a orientar algo para que desarrollemos toda la potencialidad que nos da nuestro bautismo.

Además de sentir el compromiso de consagrar al servicio de Dios, cada día, sirviendo a los hermanos, también tenemos la obligación de dar culto a Dios.

La familia es una “Iglesia doméstica” dice el Concilio Vaticano segundo.

Es una “parroquia chiquita” y es donde todos los miembros de esa “parroquia” tienen que ejercer su sacerdocio diariamente: en la oración en familia, meditando la palabra de Dios y comentándola para crecer en la fe, y así los Padres trasmiten la fe a sus hijos, de palabra y con el ejemplo.

Tienen que ejercer el ministerio del perdón para crecer en el amor mutuo, teniendo como modelo a Cristo que dio la vida por nosotros.

Formados este “Hogar-Iglesia”, todos sentirán la necesidad de ejercer como familia su sacerdocio participando activamente en la celebración de la Eucaristía en su Parroquia.

Creo que la carencia que sufre la Iglesia de sacerdotes ordenados para el ministerio de los Sacramentos, seguirá aumentando mientras los fieles no ejerzan responsablemente EL SACERDOCIO QUE HEMOS RECIBIDO EN NUESTRO BAUTISMO.

Salvo honradas excepciones, el corazón sacerdotal, se FORMA y se ENTRENA en ese Hogar-Iglesia.

Hay un refrán en mi tierra que dice: “Unos por otros, la casa sin barrer”

TENEMOS MUCHO INTERÉS QUE LOS OTROS SEAN SANTOS. ¿NO DARÍA MEJOR RESULTADO SI CADA UNO TRABAJARA POR SER SANTO Y ORÁSEMOS PARA QUE LOS DEMÁS HICIERAN LO MISMO? ¡Es un modo muy personal ver las cosas!