NS 34. Dios gobierna a las naciones

A Dios, desde mi punto de vista, no le gusta aparecer en primera plana, sino que obra siempre a través de las cosas más sorprendentes, y muchas veces, bien insignificantes

Es dueño de todo, porque todo lo creó Dios.

Nunca, como en este sentido, podemos decir, que creemos en el Misterio de un Dios que se manifiesta claramente, pro es el “Dios Escondido”.

Nos cuesta mucho creer que Dios utilice los Ángeles en su servicio para ayudar a los hombres en determinadas circunstancias. Nuestra fe nos dice que a nuestro lado va un Ángel para protegernos y para ayudarnos a cumplir con la voluntad de Dios, pero como no lo vemos, nos olvidamos su existencia.

Les digo esto, porque los padres cristianos enseñan a sus hijos chiquitos esta verdad, pero ellos se han olvidado de encomendarse a su Ángel diariamente.

 Los adultos tenemos la compañía de nuestro Ángel, el mismo que teníamos desde el principio de nuestra vida y estará con nosotros hasta el momento de nuestra muerte.

 Lo mismo nos pasa con Dios.

Como no lo vemos nos olvidamos que es él, el que hace los milagros que nosotros atribuimos a los santos y que es él, el que gobierna el universo.

El santo le pide a Dios, (intercede), pero quien hace el milagro es Dios, como pasó en las bodas de Caná. María intercedió, pero el milagro lo realizó Cristo.

Así, pues, Dios utiliza las fuerzas destructoras de los fenómenos naturales, las enfermedades, las guerras etc. para enseñaros que Él es el fuerte de la vida y que todo está bajo su control.

Cuando el ser humano se vuelve de espaldas a Dios generará muerte y sufrimiento.

La historia de la salvación nos dice que la solución es volvernos hacia Dios y cumplir con lo que está establecido en sus Mandamientos.

Los ejemplos de esta verdad son innumerables en la Biblia.

Este mundo tan desquiciado, también está gobernado por un Dios lleno de amor y de bondad. 

Este concepto de que Dios gobierna el mundo está muy repetido en los salmos y su bona llega a todos los que cooperan con sus planes.

Copio un ejemplo, tomado del salmo 66, 7-8 y siguientes  

“Con su autoridad gobierna por siempre: sus ojos vigilan las naciones para que no se subleven los rebeldes”

Además, nos dice qué es lo que tenemos que hacer para que se remedie nuestra situación.

“Bendigan, pueblos, a nuestro Dios, proclamen a voces su alabanza”

Dios es el que quita y pone gobiernos en el mundo, pero nos pide nuestra colaboración.

El dicho que “los pueblos tienen el gobierno que se merecen” encierra una gran verdad.

Creo que nosotros los cristianos tenemos que revisar nuestros criterios cuando tenemos la oportunidad de votar.

¿Qué tratamos de defender al elegir nuestros líderes, los intereses de Dios o nuestros intereses mundanos?

El señorío de Dios  del Antiguo Testamento, el Nuevo, lo transfiere a la persona de Cristo.

¡JESÚS EN EL SEÑOR!  Es el pensamiento que está presente en todas las páginas de los escritos del Nuevo Testamento.

San Pablo en su carta a los Romanos, (14, 7-9) lo resume de una forma maravillosa:

“Ninguno vive para sí, y ninguno muera para sí. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor. En la vida y en la muerte somos del Señor. Para eso murió Cristo y resucitó, PARA SER SEÑOR DE MUERTOS Y VIVOS.”

La pregunta que nos debemos hacer cada uno de los creyentes es si nosotros aceptamos ese SEÑORÍO DE CRISTO EN NUESTRAS VIDAS OBEDECIENDO SUS MANDATOS. Cada uno saque las consecuencias y quizás nos demos cuenta, por qué “el mundo de nuestra familia”, de nuestros vecinos  nuestros vecinos… está como está, porque nos olvidamos de
 defender los derechos  de Dios…