8. Todo para la gloria de Dios

“Que nadie busque su propio interés, sino el ajeno.

De todas formas, cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier cosa, háganlo todo para gloria de Dios. No sean motivo de escándalo ni a judíos ni a griegos ni a la Iglesia de Dios. Como yo, que intento agradar a todos, no buscando mi ventaja sino la de todos, para que se salven.” (Cor. 10, 24. 31-33)

Esto supone una fe, vivificada por el amor, para ver a Cristo en cada ser humano, no importa su condición física, ni moral.

Para mí, lo que nos dice el texto es una definición muy exacta de la obligación que tenemos de amar a Dios sobre todas las cosas.

Para el creyente la afirmación de San Pablo se puede expresar de esta manera: “pon los interesas de Dios y de los otros antes que los tuyos”. 

Esta es la primera obligación que tiene el creyente porque es el primer Mandamiento que recibe Moisés en el Sinaí.

No hay ninguna duda sobre este tema, porque el mismo Cristo lo ratificó como nuestra primera obligación.

A la pregunta que le hicieron a Cristo: “¿Cuál es el precepto más importante de la ley?” Respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mt.22, 36-38)

Por eso nos dice San Pablo que toda nuestra vida tiene que ser un himno de alabanza a Dios, no importa lo que hagamos. 

Para saber cuánto amamos a Dios, miremos cuántas veces durante el día pensamos en Él.

Nadie cree que hay amor verdadero cuando no se piensa con mucha frecuencia en la persona amada.

El creyente que ama a Dios, tiene que hacer todo, no porque le agrade a él, sino para agrada a Dios. “Háganlo todo para gloria de Dios.”

Nos ayudaría a lograrlo si con frecuencia durante el día repetimos, pero de corazón: GLORIA AL PADRE Y AL HIJO Y AL ESPÍRITU SANTO.

Pero el amor a Dios supone que amamos también todo lo que ama Dios y DIOS AMA A TODOS CON UN AMOR INFINITO.

San Pablo nos dice cuál debe ser el fin por lo que hacemos algo. 

Es, además de la gloria de Dios, la salvación de los demás y así vamos realizando nuestra propia salvación. “Intento agradar a todos, no buscando mi ventaja sino la de todos, para que se salven.”


El ejemplo de San Pablo nos indica cómo PIENSA Y CÓMO ACTÚA la persona que está enamorado de Dios.

La sinceridad e intensidad de nuestro amor a Dios lo indicará la preocupación que tengamos por nuestra propia salvación y la salvación de los demás.

Los que no piensan en su propia salvación, ¿PENSARÁN ALGUNA VEZ EN LA SALVACIÓN DE LOS DEMÁS?

Pero tengo que decirle algo de lo que estoy plenamente convencido:  Dios nos ha creado para que podamos ser plenamente felices por toda la eternidad disfrutando de sus bondades infinitas, pero también nos quiere utilizar como instrumentos para la salvación de los demás.

Mi salvación ¿Será posible si me niego a que Dios me use como instrumento de Salvación para otros? ¡Tengo mis dudas!!!