4. Conceptos claros y voluntad firme

“Que vuestra caridad no sea una farsa; aborrezcan lo malo y apéguense a lo bueno. Como buenos hermanos, sean cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. 

En la caridad, no sean descuidados; en el espíritu, manténgase fervorosos. Sirvan constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga siempre alegres; estén firmes en la tribulación, sean asiduos en la oración” (Rom.12, 9-12)

Aquí San Pablo nos habla de las actitudes fundamentales que debe poseer un cristiano.

Creo que no hace falta comentarlo, pero sí decir que están tan íntimamente unidas todas estas cualidades y son tan fundamentales, que sin ellas nos convertimos en un problema para los demás. 

Hagamos un examen de conciencia con sinceridad para ver cuántas de estas virtudes poseemos, y en qué grado las poseemos.

A continuación, expongo algunas ideas para ese examen.

¿Soy un farsante porque tengo más interés en parecer ser bueno que en realidad serlo y finjo aprecio y amor a ciertas personas para manipularlas y conseguir de ellas algún favor?

¿Vivo preocupado por hacer el bien y demostrar mi amor con obras?

¿Mis criterios de lo bueno y lo malo coinciden con los de Cristo o para MÍ solamente es bueno lo que me gusta y no exige sacrificio?

¿Trato con respeto a los demás, empezando por los de casa, y me esfuerzo por comprenderlos y me sacrifico por ayudarles?

¿Qué importancia le doy a Dios en mi vida?

¿Cómo está en mi vida la oración diaria, la participación en las actividades religiosas de mi comunidad, en la frecuencia de los sacramentos?

¿Soy consciente que si ayudo a un hermano es a Cristo a quien estoy ayudando? 
No hay que mirar quien es el hermano, sino cuál es su necesidad y lo que yo puedo hacer por él, aunque me cueste sacrificio

¿Vivo siempre alegre porque tengo la esperanza de la vida eterna, o desanimado y amargado porque encuentro que la cruz de cada día es muy pesada e injusta? 

Éstas y otras muchas preguntas debían ocupar nuestra mente durante el día para estar vigilantes para no perder ninguna ocasión de hacer el bien.

Te recomiendo leas y medites las normas de vida cristiana que San Pablo expone este capítulo 12 de la casta a los Romanos, para que no tengas el peligro que los mercaderes de LA CORRUPCIÓN, te vendan como perla preciosa la basura del pecado.

Porque el pecado por más que se “maquille”, ¡SIEMPRE SERÁ BASURA!!! 
¡Y a cuantos hay que le gusta alimentarse de basura!!!!