La Paz don de Dios

Con tantas cosas negativas que están pasando alrededor nuestro, nos es difícil mantener la calma y la paz. La oración, la meditación, la lectura bíblica y los estudios teológicos no parecen ser suficientes para calmar nuestras ansiedades y desesperación. Tú hablas con las personas que están pasando por estas angustias y siempre escuchas lo mismo: ” yo siempre rezo, yo oro, voy a misa y leo las Sagradas Escrituras. Yo sé quién es Jesús, El Espíritu Santo y Dios Padre”, ” sino fuera por Dios y la Virgen no se quesería de mi vida”. Pero viven con temor a morir, a que les pase algo, experimentan abandono y angustias y están a punto de una depresión si es que no han caído en ella. No saben qué hacer.
Lo primero que tenemos que reconocer es que la verdadera calma y paz, que tranquilizan al corazón, es un don, un regalo de Dios. No nos la da nada, ni nadie, ni ningún esfuerzo propio. Solamente se consigue cuando nos ponemos a la escucha, a la espera y en sintonía con Dios. Cuando nos dejamos poseer por Dios. Cuando permitimos que quien domine nuestra vida sea nuestro amado Jesús. Esto nos hace cambiar nuestra visión de la vida y dejamos de pensar en lo negativo y ponemos lo positivo siempre presente, porque Dios está con nosotros y somos su propiedad más preciada y no va a permitir que nada ni nadie la destruya.
Somos ciudadanos del cielo y nuestras primicias son los dones del Espíritu Santo, que me capacitan para vivir en paz y me fortalecen para mantenerme siempre en calma.
Buscar remedios caseros, remedios en la medicina natural o convencional o un medicamento que nos tranquilice para lograr la paz es ir al definitivo fracaso.
La paz es una vivencia espiritual que cuando se da en plenitud toca los linderos de la divinidad. Es decir que si queremos lograr la paz en su máxima realidad debemos experimentar vivencias divinas, estas vivencias divinas solamente ocurren si Dios nos las otorga y las otorga a todas las personas que las buscan con fe y con un corazón humilde deseoso de recibirlas.
Pongámonos en oración, con verdadera humillad, en su presencia y pidámosle que nos dé el don de su paz, para que podamos vivir siempre alegres porque todo lo podemos en Aquel que nos sostiene. Amen

¡Paz y Bien!!! Diac. Ricardo

 

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