Amor a Dios, amor al prójimo como a uno mismo

Por Diácono Luis Vázquez

La Fe cristiana está basada en el amor.  Una cruz se entrelaza con ese amor.  Amor a Dios, a los demás como a nosotros mismos.   Es fácil amar a Dios, pues como Padre,  me comunico a cada momento. Al reconocer esa forma vertical de la cruz, hacia arriba, mi comunicación es instantánea con solo llamarle “Padre Mío”.  Y ahí está El  para contestar mi llamado.  Tan fácil como aquí lo expreso.   Es en ese eje vertical, hacia arriba, Dios y yo.  En el silencio o en la soledad de mi cuarto, Dios y yo…  Señor, ¿cuán grande es tu amor por mí?  Me imagino su contestación: “así”, y extiende sus brazos desde esa cruz en que dio su vida por ti y  por mí.

La parte horizontal de esa cruz: amar a los demás como a ti mismo.  Es compartir tu vida diaria con los demás hermanos.   Amarle como a nosotros mismos.   Tratar al otro como si fuera mi hermano no es fácil.  Mi ego opaca poco o mucho ese amor hacia el hermano, vecino, amigo o compañero de trabajo.  La única forma de amar al prójimo es extender los brazos y tratarlo como si fuéramos una sola familia: amar sin condiciones.   Es ver a Jesús en los demás y servirle en todo lo que puedas.  Hay que mirar en las dos vertientes de esa cruz=Vertical=Dios, Horizontal= Los demás hermanos. El ego no reina en los seguidores de Jesús…

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