A Satanás se le vence amando

A Satanás se le vence amando. Amando como Dios AMA. El diablo no lucha contra Dios, el sabe que no lo puede vencer, el le hace la lucha a sus criaturas más débiles, nosotros los hombres. Satanás sabe que desde nuestra sola humanidad no le podemos vencer y se aprovecha de nuestra debilidad para dañar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma. Por eso acudimos a Jesús, a la Virgen María y a los ángeles para que nos protejan.

Pero sí se puede vencer al diablo desde nuestra humanidad, como venció María, que no es criatura divina, ni es criatura angelical, pero fue y está llena de la gracia de Dios. Es decir está llena del amor de Dios. Vivió y vive en gracia de Dios, porque María amó y ama como Dios ama. Es en este dejarte llenar de la gracia de Dios, dejarte llenar de su amor y amar como Dios ama, es como podemos vencer la tentación y al maligno desde nuestra humanidad. Una humanidad fortalecida con la gracia de Dios.

No basta invocar la protección de Dios, de los ángeles y de la virgen, sino nos dejamos llenar del amor de Dios y comenzamos amar como Dios ama. No basta estar en gracia, sino vivimos según esa gracia. No basta poseer el amor de Dios, que es estar en gracia de Dios, sino amamos como el ama. ¿Y cómo ama Dios? La respuesta la encontraras mirando al crucificado. ¿Y qué veras? Humildad, renuncia, entrega total, disponibilidad a la voluntad del Padre, misericordia y en fin un amor sublime. Porque, no hay mayor amor que dar la vida por los demás.

Jesús, como hombre, venció al demonio muriendo en la cruz. ¿Fue su muerte lo que lo venció? No. Lo vence su amor, porque tanto amo Dios al mundo que dio su vida por nosotros. En ese amor nosotros también venceremos. Lo que a veces no comprendemos es que cuando oramos e invocamos a Dios, a la Virgen, a los ángeles y a los santos, somos revestidos y fortalecidos en el amor de Dios, para que viviendo desde ese amor venzamos. Tenemos qué convertirnos en apóstoles del amor.

Hoy la humanidad está enferma, a punto de colapsar, porque no es amada o no se siente amada. No basta amar hay que amar como Dios ama. Por eso cuando vemos personas como padre Pío, la madre Teresa de Calcuta o San Juan Pablo II, vemos como todo su alrededor se transforma en un estado de bienestar lleno de la presencia de Dios. Ellos supieron amar como Dios ama.

Cuando oramos, cuando comulgamos, cuando participamos de los sacramentos somos llenados del amor de Dios, que nos fortalece, nos capacita y nos permite amar como Dios ama.

Resucitar es participar de la vida de Dios, es participar de la plenitud del amor de Dios que nos da vida eterna. Gracias a que Cristo, tomó nuestra humanidad y resucito, nos hace partícipe del amor de Dios y podemos por lo tanto vivir en ese amor, que es el fruto de su resurrección.

Conviértete en apóstol del amor de Dios, ama como Dios ama, y verás cómo podrás vencer la tentación y todas las seducciones del demonio y en el mundo habrá paz y felicidad.

¡Paz y Bien!!! Diac. Ricardo

 

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