El mal se vence con la fuerza del amor

Santa Mónica, madre de San Agustín, en su momento tuvo que dar acogida a su hijo en su casa, junto a su amante y al hijo que habían procreado. No lo rechazo. No lo condeno, no lo abandono, sólo amo y tolero esta situación. Buscando siempre la conversión de su hijo y el cambio a una forma de vivir y proceder conforme a la voluntad de Dios.
El mal y al demonio se les vence con la fuerza del amor y no con la violencia. Por eso siempre el demonio le teme y le huye a la cruz de Cristo y a la Santísima Virgen, expresiones sublimes y máximas del amor de Dios.
No es violentando, rechazando o sacando de nuestras vidas, para no ser cómplices, a las personas que viven en una situación pecaminosa, que vamos a vencer el mal. Solo amando, es decir comprendiendo, orientando y acogiendo a estas personas que lo lograremos.
No es acogiendo al mal y vivir como si no nos importara, o vivir como si nada fuese pecado. Más bien es acoger al pecador y llevarle por el buen camino, respetando su libertad.
El mal que es vencido por el amor lleva a la conversión del pecador. Toda persona que lucha contra el demonio, si quiere vencerlo, tiene que estar revestido del amor de Dios. Sólo en ese amor vencerá.
El exorcista tiene que estar revestido del amor de Dios y ser una manifestación viva de ese amor, no le bastarían los ayunos, sacrificios, ni las oraciones del ritual, sino es su vida un instrumento de amor, del amor de Dios.
Si tienes una situación en tu familia que no va conforme a la voluntad de Dios recházala, pero nunca rechaces al pecador; ámalo, compréndelo y verás como todo va cambiando y lograrás su salvación.
Paz y Bien!!! Diac. Ricardo

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