Cristo en la cruz nos da su amor y nos lleva a la paz

Si estas cansada de seguir adelante. Si ya no quieres seguir perdonando. Si ya no toleras más tantas injurias, insultos y degradaciones. Si te angustia tener que aguantar tantas cosas. Si te sientes humillada y hastiada de que jueguen contigo. Si sientes que no te valoran. Punto, si ya quisieras decir basta, no quiero seguir cediendo, entonces es hora de que medites la pasión de Cristo y su muerte en cruz.
No, no quiero que lo medites desde su sufrimiento para que lo tomes de consuelo. No, no quiero que lo medites desde su dolor para compararlo al tuyo. No, no quiero que lo medites desde ese sentimiento de abandono, humillación y soledad. Quiero que lo medites desde el AMOR.
En Cristo el amor de Dios ha llegado en el a su plenitud y su máxima expresión se da en la crucifixión. El no murió de esa forma para darle sentido al sufrimiento humano, o para que el hombre aprendiera a saber lo que es la tolerancia y paciencia en la humillación. El no murió en la cruz para que nosotros fuésemos crucificados como El. No, su pasión y muerte, más que todo eso, es una expresión de amor al hombre, a ti.
Dios ama tanto al mundo que se dio en Cristo para que toda persona conociera, experimentara y participara, en su propia naturaleza humana, del amor de Dios y que supieran cuanto es capaz de amarnos y cuan capaces somos nosotros de amar con ese amor que trasciende toda expectativa humana.
Conociendo este amor, participando de el y viviendo este amor, podemos estar en paz, en este duro vivir, porque somos capaces de amar como Jesus ama. Solamente experimentando esta capacidad de amar, podemos experimentar la verdadera dicha de vivir en paz, en la paz de Dios. Seremos felices porque participaríamos de las primicias de la salvación, es decir de nuestra participación en la vida divina, en el amor de Dios. Ya no nos sentiríamos atropellados por el mundo porque vivimos en el Amor, en el único amor que abre mi corazón a todo y rompe con todo sentimiento negativo, aunque humanamente parezca imposible.
Entonces, soy en Cristo, la manifestación del amor de Dios, lo vivo en mi, logro la paz y soy feliz.

¡Paz y Bien!!! Diac. Ricardo

 

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