Señor, Tú siempre estás ahí, siempre ahí, siempre conmigo

Los problemas van y vienen, unos fáciles, llevaderos, otros difíciles y otros imposibles de resolver…
Pero Tú estás ahí, siempre ahí, siempre conmigo, gracias Señor.
La vida va pasando, llegan nuevos retos, nuevas condiciones, situaciones imprevistas, achaques, desavenencias…
Pero Tú estás ahí, siempre ahí, siempre conmigo, gracias Señor.
Hay días hermosos, llenos de ternura, de paz, de esperanza, donde recibimos muchas bendiciones y alegrías…
Y Tú estás ahí, siempre ahí, siempre conmigo, gracias Señor.
Hay momentos de tristeza, largas horas de angustia y soledad…
Pero Tú estás ahí, siempre ahí, siempre conmigo, gracias Señor.
En este duro caminar, de trabajo cotidiano, de lucha y decepciones, de peleas y discusiones con los seres que más amamos y apreciamos, de lágrimas que brotan de un corazón herido por el desamor y la incomprensión, siempre aparece una palabra de aliento, una mano amiga que nos consuela, un beso, un abrazo, que nos da la paz y aviva la esperanza…
Porque Tú estás ahí, siempre ahí, siempre conmigo, gracias Señor. Amen

¡Paz y Bien!!! Diac. Ricardo

 

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