Mensaje del diácono Ricardo para el día de Pentecostés

Un día como hoy el Espíritu Santo se hizo presente en la Iglesia de una manera muy especial porque dio cumplimiento a la palabra dada por nuestro Señor Jesucristo que nos prometió enviarnos un defensor, aquel que nos aclararía todo y hablaría por nosotros. En ese momento la Iglesia, representada por los apóstoles, recibió la plenitud del espíritu y fue colmada de todas las gracias, para que por medios de sus apóstoles y aquellos que ellos designaran, transmitieran todas esas gracias al pueblo santo de Dios para que todos participaran de ese amor de Dios que sana y salva. Como en Maria, la Iglesia recibe todas las gracias y al igual que ella se convierte en madre que transmite a sus hijos el amor de Dios y también es fuente donde sus hijos pueden venir a satisfacer la sed de Dios, porque en ella no solo pueden descubrir a Dios sino poseerlo y más que poseerlo sentirse amados por Dios y experimentar su misericordia y perdón.

La Iglesia siempre ha transmitido todas las gracias recibidas a través de los sacramentos, por medio de los ministros ordenados, comenzando por los sacramentos de la iniciación cristiana, Bautismo, Eucaristía, Confirmación, donde se nos da al propio Espíritu Santo con todas sus gracias. Esto no solo constituye a la persona como hijo de Dios, liberándolo del pecado original, sino que lo capacita y le da todas las herramientas necesarias para vivir en santidad.

La Iglesia, entiéndase sus ministros, son solo instrumentos. Es por la acción del Espíritu Santo que todo esto se realiza. Sin el Espíritu Santo la humanidad no es capaz de llegar a Dios y participar de su vida divina, ni de su amor. Por eso, para que haya una relación real y verdadera entre Dios y el hombre, Dios se tiene que comunicar primero y darnos su Espíritu, de esta manera nuestra humanidad se capacita y se realiza en ella el plan de salvación que Dios Padre tiene para nosotros.

La persona humana en la medida que se integre a la Iglesia, formando el cuerpo místico de Cristo, encontrará esa comunicación necesaria con Dios que le permitirá establecer ese vínculo de amor entre Dios y su humanidad, que le hacen participe de la vida eterna y vivir desde ahora el reino de Dios en la tierra. Esta vivencia humana-divina se da por la acción del Espíritu Santo.

Como vemos el Espíritu Santo es el alma del cuerpo místico que es la Iglesia y es el que le da vida a la Iglesia. Por medio de El la Iglesia actúa, santifica y establece el plan de salvación que Dios Padre tiene para nosotros. Por lo tanto es imperativo para nuestra salvación nuestra participación en la Iglesia, como miembros de un mismo cuerpo y nutridos de un mismo espíritu.

Les exhorto no solo a celebrar con gran alegría este día de Pentecostés, donde nos fue dado el Espíritu Santo, sino que busquemos la unificación en lo que debe ser el único cuerpo místico de Jesús que es la Iglesia para que juntos amemos a Dios y en su amor nos amemos todos.

¡Envía, Señor tu Espíritu, renueva nuestros corazones y cólmalos de todos tus bienes! Amen

¡Paz y Bien!!! Diac. Ricardo

 

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