Espíritu Santo, dulce huésped del alma…

El Espíritu Santo el Defensor, el Paráclito,
el dulce huésped del alma,
no solo habita en mi,
sino que lleva a mi cuerpo y a mi alma
a la plenitud del ser, donde alcanza
la plenitud de su amor.

Es en ese amor que nuestra vida
va tomando dimensión de eternidad.
Es en ese amor, dado y compartido,
que experimentamos la realidad eterna
de nuestra existencia, aquí y ahora.

Espíritu Santo, mi amado defensor y libertador,
desde esa intimidad que vives en mi,
porque existes y habitas en la profundidad de mi ser,
donde nacen y se desarrollan,
todas las raices de mis comportamientos,
te suplico que rompas, desde la raíz,
todas esas cosas que me alejan de Dios
y no permitas que los malos hábitos dominen mi existir.
Tu que habitas en la profundidad de mi existencia
renueva todo mi ser con la fuerza y la vitalidad de tu Ser,
para que surja en mi un nuevo amanecer.
¡Espíritu Santo, desde esa intimidad que vives en mi,
libérame y toma posesión de todo mi ser! Amen

¡Feliz día de Pentecostés!

¡Paz y Bien!!! Diac. Ricardo

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