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Espíritu Santo, dulce huésped del alma…

El Espíritu Santo el Defensor, el Paráclito,
el dulce huésped del alma,
no solo habita en mi,
sino que lleva a mi cuerpo y a mi alma
a la plenitud del ser, donde alcanza
la plenitud de su amor.

Es en ese amor que nuestra vida
va tomando dimensión de eternidad.
Es en ese amor, dado y compartido,
que experimentamos la realidad eterna
de nuestra existencia, aquí y ahora.

Espíritu Santo, mi amado defensor y libertador,
desde esa intimidad que vives en mi,
porque existes y habitas en la profundidad de mi ser,
donde nacen y se desarrollan,
todas las raices de mis comportamientos,
te suplico que rompas, desde la raíz,
todas esas cosas que me alejan de Dios
y no permitas que los malos hábitos dominen mi existir.
Tu que habitas en la profundidad de mi existencia
renueva todo mi ser con la fuerza y la vitalidad de tu Ser,
para que surja en mi un nuevo amanecer.
¡Espíritu Santo, desde esa intimidad que vives en mi,
libérame y toma posesión de todo mi ser! Amen

¡Feliz día de Pentecostés!

¡Paz y Bien!!! Diac. Ricardo

¡El Señor Resucitó! ¡Aleluya!

¡El Señor resucitó, Aleluya!
¡Y vive entre nosotros, Aleluya!
Hoy el Amor de Cristo se hace uno en lo divino,
para que nuestro amor tome amplitud de eternidad,
y solo amando, en ese amor, participemos de los frutos de su resurrección.
Hoy la humanidad de Cristo toma dimensión de eternidad,
y con gozo nos conduce a la vida en el Amor,
en ese amor sublime que procede del Padre y del Hijo.
Hoy nuestro amor y vida,
toman dimensión de eternidad. Amen

¡Feliz Pascua de Resurrección!

¡Paz y Bien!!! Diac. Ricardo

Octavo don del Espíritu Santo: El “Temor a no Amar”

Siempre se nos ha dicho qué están los 7 dones del Espíritu Santo, pero se nos ha olvidado qué hay un octavo, el don del “Temor a no Amar”.
Este don o gracia, nos lleva a siempre amar, ya que nos lleva a evitar toda situación, palabra y acción que nos conduzcan a no amar o nos incapaciten para amar.

No se menciona entre los dones del Espíritu Santo porque en si mismo posee todo los dones ya que te lleva al don supremo del Amor, que es Dios mismo. Se hizo presente entre nosotros cuando Jesus se encarnó y vivió entre nosotros, teniendo su máxima expresión cuando Jesus fue crucificado y murió por nosotros. En lo humano, Jesus, vivía siempre buscando amar por ese santo temor de no amar y de no hacer la voluntad del Padre.
Ese ser inmaculado, virgen y puro, de nuestra madre María, surgen de ese temor a no amar, que estaba arraigado en lo más profundo de su corazón. María siempre estaba dispuesta amar porque tenía ese don de temor, un santo temor, a no amar a Dios y a las criaturas, como Dios la ama.

Cuando pedimos este don, le pedimos a Dios que nos capacite a siempre dar una respuesta de amor en cada momento de nuestra vida.
El que tiene este don su primera opción es el amor.
El que lo posee no se deja llevar por la ira, el mal humor; no se molesta porque las cosas salen mal, más bien busca corregir con respeto, ternura y comprensión.
Cuando poseemos este don buscamos en todo momento expresarnos con amor, con una palabra de aliento, comentarios positivos y nunca imponiéndonos sobre los demás.
El que vive este don vive en libertad y respeta la libertad de todos, aun de aquellos que no piensan igual o no tienen las mismas costumbres.
Poseerlo da gozo, paz y te hace vivir siempre en esperanza.
Tener este don nos abre a hacer siempre la voluntad de Dios, porque la voluntad de Dios es que nos amemos como el nos ama.
Es ese querer siempre amar como Dios ama.
Es ese siempre buscar el bien de los demás.
Es estar siempre presente en las necesidades de los otros.
En fin, es querer siempre dar una respuesta de amor por el temor de no amar.

Como todo don se lo debemos pedir al Espíritu Santo, para que nos lo conceda y lo haga presente en nuestro corazón.
Como todo don, nace o es dado desde nuestra íntima vivencia con Dios, ya que lo comprenderemos mejor cuando nos sintamos amados por Dios y descubramos la importancia del amor en el plan de salvación, que el Señor ha querido para nosotros.

En este nuevo día pide este don del “Temor a no Amar” y tu vida tomará dimensión de eternidad, se llenará de gozo y paz. Amen

¡Paz y Bien!!! Diac. Ricardo